Memoria del saqueo: La economía y crisis en Argentina

“Y creo que lo peor de todo, y por lo que nos estamos hundiendo tan profundamente, es que nos estamos acostumbrando a vivir mal.”

El 19 de diciembre de 2001, después de 10 años de la reforma económica de Carlos Menem y las nuevas reformas del FMI bajo la presidencia de De la Rúa, los millones de pobres y desempleados, la gente que había sufrido como resultado de la privatización de las industrias y el nuevo valor del peso, las personas que no podían sacar su dinero del banco y todos los “nadies” del país “exigieron la renuncia del gobierno.”[1] Salieron a la calle haciendo sonar sus cacerolas para despertar la conciencia del gobierno que les había ignorado cuando sus niños se murieron de hambre y cuando perdieron el trabajo.  Ya exigieron algo más que promesas vanas.  Exigieron cambios, reformas y respuestas del gobierno que les había quitado el trabajo en lugar de crear nuevos puestos y que les había traicionado.  “El pueblo unido jamás será vencido,” dijeron los miles de trabajadores, desempleados, jubilados y estudiantes durante días de protestas que resultó en la declaración de un estado de sitio y la renuncia del Presidente De la Rúa y el ministro económico Domingo Cavallo.[2] La lucha de un pueblo unido en Argentina fue consecuencia de una larga historia de deuda, de hambre, de promesas falsas, de desempleo y de traiciones de múltiples gobiernos.  En este momento el pueblo argentino se hizo identificable, visible a todo el mundo como una gente sobreviviente y tenaz que podía perseverar de cara en cualquier crisis, que ya no era un “nadie”.

Desde la primera negociación argentina de un préstamo extranjero entre Rivadavia y un banco inglés en 1824, el endeudamiento de Argentina ha sido una causa del empobrecimiento y la corrupción del país.[1] La deuda ha sido una parte importante de todos los gobiernos desde aquél contrato, pero en lugar de ayudar al pueblo, ayudaba a los bancos y corporaciones internacionales y la deuda se empeoraba cada vez más.  Con los primeros años de la dictadura militar entró un nuevo modelo económico: el neoliberalismo.  Durante el periodo de la dictadura, el ajuste, un plan para una reforma financiera, reformó como funcionaría la economía argentina.  El director del ministerio de economía, José Alfredo Martínez de Hoz, introdujo la congelación de los salarios de los trabajadores que resultó en un sufrimiento horrible de la clase baja.  Durante la dictadura los ingresos de los trabajadores “cayó un 40 por ciento” y junto con la inflación esta gente no tuvo esperanza para mejorar la vida y muchos quedaron sin nada.[2]

“El país que encontró la dictadura estaba acosado por una creciente inflación que amenazaba con devorar la capacidad de consumo. En 1975, la inflación llega a subir más del 300 por ciento al año, el PBI descendió un 1,4 por ciento y el PBI per cápita descendió un 3 por ciento. Mientras, los precios al consumidor subieron entre marzo del ’75 y enero del ’76 un 566,3 por cien.”[3]

Durante los años siguientes, estas cifras no mejoraban sino que empeoraban.  Las altas tasas de interés obligaban que las empresas se endeudaban en el extranjero y la capacidad de consumo bajaba más cada año.  Durante el mismo tiempo, las personas que habían tomado créditos hipotecarios experimentaron tasas de interés extraordinarias o tuvieron que dar sus viviendas al banco cuando los préstamos llegaron a ser impagables.  Durante los siete años de dictadura el gobierno cuadriplicó la deuda externa de 7.875 millones de dólares a 45.087 millones, transfirió mucho capital al exterior, “se redujo la producción y empleo industrial” y aumentó “la brecha entre ricos y pobres…un 50 por ciento.”[1] Estos cambios resultaron en una situación polémica que ha tenido repercusiones en cada gobierno hasta hoy y ha creado una situación social de que mucha gente no puede salir.

En 1983, la democracia volvió al país con el gobierno de Alfonsín, un presidente que prometió guardar “el respeto para la dignidad del hombre en la tierra Argentina.”[2] Dijo que el estado no se podía subordinar a los grupos financieros internacionales y que su administración intentaría discutir las deudas de la dictadura, pero como el estado no tuvo dinero, su plan económico cambió.  Mientras decía a los ciudadanos que repudiaría las deudas, dejaba que el Banco Central transfiriera fondos públicos a los bancos y a las corporaciones para pagar a los acreedores externos.  Su “traición” en contra de la gente argentina acabó en 1989 con saqueos de los supermercados y su renuncia al mandato.  Otra vez, la esperanza de la vida buena—la educación, el cese de la pobreza, del hambre y mejores condiciones económicas— terminó en traición y crisis.

Cuando Menem entró al poder después del gobierno de Alfonsín, la inflación había crecido a una tasa de 900 por cien y la deuda externa había llegado a 54 mil millones de dólares.[1] Menem, bajo el nombre del partido peronista, prometió una reforma económica y política que daría comida a todos los niños con hambre, trabajo a los que no lo tenían, techos a los sin hogar y “una nueva y gloriosa tierra” a todos los argentinos.[2] Introdujo nuevas políticas estrictas y reformas sociales pero traicionó al pueblo argentino cuando seguía el modelo de neoliberalismo, dio amnistía a los líderes de la junta y dejó que el Banco Mundial y el FMI establecieran las políticas económicas del país. Una de las respuestas de Menem a la deuda fue dejar que los acreedores determinaran cuánto las empresas, los individuos y el gobierno mismo les debían y el Congreso nunca discutió estas deudas aunque años antes habían aprobado leyes que dijeron que algunas de las deudas eran ilegitimas por ser adquiridas durante la dictatura.[3] “Diez años después [esta deuda] llegará a 130 mil millones de dólares.”[4] Hizo reformas para tener el poder completo para privatizar las industrias públicas e imponer las reformas que quería.  Cuando privatizó dos de las más grandes empresas del estado, YPF y Gas del Estado, miles de personas perdieron sus puestos de trabajo y sus pensiones con los nuevos dueños.  Los dueños de las PYMES no podían competir con las compañías internacionales con las cuales Argentina había empezado a comerciar.  La corrupción del estado permitió que los ejecutivos del gobierno se hicieron ricos a costa del pueblo argentino que ya no tenía comida, trabajo, cuidado médico ni educación.  Al final, el gobierno de Menem dejó Argentina en crisis, sin la republica para la que había luchado durante décadas y con la desesperanza de que la democracia había fracasado.  Ya no tuvieron mucho más que sus tradiciones, sus valores, sus memorias y su identidad.

Durante la privatización de las industrias, gobiernos y empresas externos compraron las compañías públicas por un porcentaje pequeño de lo que valían.  Cuando la empresa de agua fue comprada por una empresa europea, no acabaron las obras que prometieron hacer y 8.000.000 personas quedaban sin agua potable y millones sin alcantarillas.[1] Las personas que vivían en las regiones que dependían del ferrocarril fueron devastadas.  Miles de familias tuvieron que mudarse a otro lugar para poder ganar dinero cuando los 95.000 puestos de trabajo bajaron a 15.000 en estas regiones y cuando lo mismo pasó en otros sitios.[2] El gobierno cambió sus subsidios a empresas que antes controlaba por los beneficios a las personas; un nuevo préstamo de 700 millones dólares y los intereses de la misma cantidad fue el resultado de evitar pagar los subsidios a las empresas.[3] Al fin y al cabo, el gobierno argentino todavía tenía que pagar subsidiariamente a muchas de las industrias que privatizaron y ha perdido más que si no lo hubiera hecho: la confianza de sus ciudadanos, mil millones dólares, puestos de trabajo y el bien estar de su población.  En un país que antes “tuvo los más avanzados derechos sociales” ahora tenía personas que no podían conseguir trabajo y cuando lo tenían, sufrían “rebajas salariales y empeoramiento de las condiciones de trabajo.”[4] Estas acciones del gobierno y situaciones sociales cambiaron la actitud de los argentinos que fueron afectados por la privatización.  La gente recordó su esperanza de una buena vida —o por lo menos manejable—y se acordó de los derechos de antes.  Al mismo tiempo encontró otra vez su manera de sobrevivir cuando su gobierno había fracasado.  Su memoria e historia colectiva la unificaba para poder luchar en contra de los robos del gobierno.

En su segunda administración, Menem y sus seguidores  desarrollaron una “mafocracia” que estaba involucrada en el tráfico de armas y drogas.[5] Los ejecutivos del gobierno y sus familiares controlaban muchas de las compañías que antes eran públicas y las compraron por un décimo del precio, se hicieron ricos en minutos.  En lugar de reinvertir en su propio país, transfirieron mucho del capital a cuentas en los EE.UU. y otros lugares para guardar para sí todos los beneficios.  Al mismo tiempo, las familias de los pueblos no tenían ni comida para dar a sus hijos y cada día se hicieron más pobres.  Muchas de las personas involucradas en esta corrupción ni estaban denunciadas o sólo recibieron pequeñas penas por sus acciones—Menem solamente fue castigado con cinco meses de arresto domiciliario.  En 2001, como consecuencia de la poca confianza del pueblo en los neo-peronistas, Fernando de la Rúa y su administración llegó al poder.  Otra vez sus promesas eran falsas: había rebajas de los salarios de los funcionarios y aumento de impuestos.  Cavallo entró otra vez a ser el ministro económico; sus cambios dieron como resultado la destrucción de la clase media, haciendo los ricos más ricos y los pobres más pobres.  “Los chicos [vivían] de la basura,” dice un doctor. “Y eso de clasificarles como un sub-producto de la sociedad es indignante.”[6] Pero eso es lo que pasó.  La película Memoria del saqueo clasifica estos años de hambre y pobreza como un genocidio social, una masacre de los intocables, indeseables, y nadies, como si las administraciones argentinas querrían borrar a estas personas de su identidad.  No funcionó.

20 de diciembre en Buenos Aires.  Foto Carlos Brigo

Los años de la dictadura y las reestructuraciones de Menem y De La Rúa no vencieron a la gente argentina.  El hambre, las traiciones de los gobiernos, la deuda que les quitaba todo, la privatización de las industrias, el desempleo, los muertos y los robos sirvieron para unificar a la gente y son recuerdos que la gente nunca podrá olvidar.  La identidad, historia y memoria común, aunque en algunos aspectos diferentes, fueron las y siguen siendo las cosas que dan voz y fuerza al pueblo. Durante tiempos de crisis, es cuando se manifiesta la identidad de una población. Cuando uno no tiene nada o pierde lo que tenía, su historia, su cultura y sus valores son las cosas a las que se agarra porque siempre estarán y nadie les puede quitar.  Lo que significaba ser argentino hizo posible que la gente siguiera andando en épocas de crisis y de pérdidas y al final fue la identidad del pueblo lo que unificó a todos en la lucha por las reformas.  Las madres, abuelas e hijos de los desaparecidos siguen buscando respuestas a las desapariciones de sus amantes, los piqueteros hacen lo necesario para ganar sus batallas, las organizaciones de trabajadores, vecinos y pueblos se unifican y fortalecen en grupos de personas que solos no podían luchar por sus derechos.  El día 19 de diciembre de 2001, 25 personas se murieron por sus creencias, sus valores y las vidas de su pueblo.  No eran los nadies, eran la base de la identidad argentina y sin ellos, aunque no pareciera a los gobiernos, no funcionaría el país.  Aunque durante los años de supervivencia el poder de la identidad y la memoria colectiva era invisible, aquel día, fue innegable.

Se puede ver Memoria del saqueo aquí:

http://video.google.com/videoplay?docid=-4477082254339304915#

Fuentes:

Igal, Diego. Golpe de estado: 25 años después. “Indicadores económicos.” Argentina: Terra, 2009.
http://www.terra.com.ar/especiales/golpe/indicadores.html

BBC. Timeline: Argentina. Reino Unido.
http://news.bbc.co.uk/2/hi/americas/country_profiles/1196005.stm


    [1] Memoria del saqueo.
    [2] Memoria del saqueo
    [3] Golpe de estado: 25 años después

    [4] Golpe de estado: 25 años después

    [5] Golpe de estado: 25 años después.

    [6] Memoria del saqueo

    [7] BBC. Timeline: Argentina. Reino Unido.

    [8] Memoria del saqueo

    [9] Memoria del saqueo

    [10] Memoria del saqueo

Anuncios

There are no comments on this post.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: