La inmigración en la identidad argentina

Inmigrantes italianos recién llegados a la Argentina

Como se ve en la película El abrazo partido, el movimiento de un lugar de inseguridad a otro de incertidumbre es frecuente.  Muchas personas en todas las partes del mundo experimentan  situaciones en que tienen que mudarse por alguna razón política, social o económica.  Si es para escapar de una situación de inseguridad o para mejorar la vida, estas personas usualmente llegan al nuevo país y encuentran que tienen que reformar su identidad para integrarse en la nacional y en la local del nuevo lugar.  Aunque estos inmigrantes tienen que transformarse para integrarse, su propia identidad añade y cambia la del país a donde llegan, porque hay hilos de su compleja identidad que no pueden o no quieren dejar.  De esta manera, las identidades de los dos lados se unen o se chocan para formar y reformar la de las dos partes.  Este proceso es constante y es fundamental cuando uno define la esencia de la identidad personal y, por otra parte, la nacional.  Argentina es un país que ha experimentado una gran afluencia de inmigrantes durante los últimos siglos que han llegado al país con nuevas costumbres, valores y creencias resultando en una identidad constantemente cambiante.  Cada inmigrante entra con su propia identidad, deja algunas partes para integrarse, añade algunos elementos a la común y saca nuevos fragmentos para adaptarse a la realidad de la nueva localidad.  La “argentinidad” es un producto del crisol de razas, una mezcla de identidades individuales de todas las partes, que define la esencia de lo que significa ser argentino.

La inmigración de los abuelos en El abrazo partido es buen ejemplo del proceso de identidad.  Tuvieron que escapar de Polonia por condiciones políticas que amenazaban al elemento religioso de su identidad.  Esta amenaza cambió su manera de vivir y limitó la expresión de la misma.  La abuela no podía cantar ni salir porque tenía una identidad inaceptable.  Seguramente no podían ganarse la vida porque había tantas restricciones que no permitía el empleo de judíos y había otras leyes que limitaban la expresión, educación y derechos de este grupo de personas.  La identidad polaca cambiaba de una manera que excluyó a personas que habían vivido en el país durante toda su vida pero que no podían dejar su identidad religiosa.  En muchas circunstancias similares es posible cambiarla para reintegrarse y volver otra vez a la identidad aceptable, pero esta situación no fue posible.  La religión en muchos casos es inalterable, es una identidad fija que muchas veces define los valores, costumbres y creencias de la persona.  Por eso, fue necesario que los abuelos se mudaran para preservar el corazón de su existencia, el fundamento de su ser.  Cuando llegaron a Argentina, dejaron algunas partes de su identidad para integrarse.  En el proceso de estas reformas aprendieron el español, dejaron su lealtad al gobierno polaco y asimilaron la cultura argentina.  Luego adoptaron nuevas costumbres para vivir en el país, conocieron nuevas personas, encontraron nuevas maneras de trabajar e intentaron olvidar la tragedia de los eventos que ocurrieron en Polonia para formar parte del nuevo país y para conformarse a su identidad.  Por último añadieron sus propios elementos a la identidad argentina.  Trajeron sus propios valores, creencias y costumbres de Polonia a Argentina y su identidad judía, como era la de muchos nuevos entrantes al país, estuvo absorta por la nacional como nuevo elemento añadido al crisol.  Desde el primer cambio en Polonia que forzó la transformación de la identidad personal o el exilio, hasta la llegada de una nueva a la mezcla que compone la nacional, el proceso de identificación del individuo y del país, determina la compleja mezcla de identidades que define la “argentinidad”.

Inmigrantes llegados al país a principios del siglo XX

En el siglo XVI, los conquistadores españoles llegaron a Argentina para colonizarla.  Entraron con sus propias costumbres, valores y cultura que tuvieron gran impacto en la cultura nativa.  Aunque los colonizadores tuvieron mucho impacto en la cultura, solo había unos 2.500 europeos al principio de los 1700s y la población apenas creció durante los siguientes años; en 1810 solo había 6.000 europeos sobre un total de 700.000 habitantes en el territorio argentino.[1] A pesar de su pequeña población, desarrollaron las grandes ciudades de Argentina, trajeron nuevas poblaciones al país (africanos y esclavos) y dejaron un legado de jerarquía social, religión, idioma, violencia y despotismo. [2] Sus acciones añadieron nuevos elementos a la identidad argentina y cambiaron la manera de pensar de los nativos.  La jerarquía que crearon fue basada en la idea de raza, la suya era la mejor de todas, y les permitía controlar las acciones y creencias de los demás en el territorio.  Su religión, Catolicismo, se extendió a todas partes y resultó en la mezcla de ideas y la creación de nuevas religiones basadas en las creencias católicas y de religiones nativas.  Desde su entrada al territorio, los españoles influyeron y cambiaron la cultura e identidad argentina mientras que los pueblos originarios mantuvieron partes de su identidad original, mezclando nuevas ideas, creencias y costumbres con las que ya tenían.  De esta manera los conquistadores y los nativos pasaron por el proceso de la identidad, dejando algunas cosas, añadiendo otras y adoptando otras.

Cuando Argentina empezó a tomar su independencia de España, la idea de la identidad nacional otra vez cambió.  Los revolucionarios creyeron que en vez de estar unida por un idioma, una religión y otros elementos étnicos, la nación debe ser una identidad política basada en la igualdad, libertad y soberanía popular.  Su meta fue crear un país compuesto por personas de varias naciones que eligieron dar lealtad a Argentina y sus principios.  En un decreto de 1812, el gobierno ofreció “protección inmediata a individuos…de todas las naciones que [querían] establecer su domicilio en el territorio del Estado, asegurándoles… los derechos civiles del ciudadano en la medida que no [inquietaran] la tranquilidad del publico y que [respetaran] las leyes del país.” [3] En su deseo de deshacerse de las identidades españolas, de colonizar las áreas vacías del país y de crear una republica democrática, Argentina abrió las fronteras a cualquier persona que quisiera entrar en el país.  Estos líderes creyeron que la construcción de la nación argentina no dependía de la fortificación de la cultura, religión, idioma y costumbres sino de una aceptación común de las ideas políticas pero no se puede crear una identidad nacional ignorando las distintas características de cada persona.  De todas maneras, esto fue lo que intentaron hacer y los inmigrantes serían clave en está construcción nacional.  En 1818 Bernardino Rivadavia explicó que “la inmigración es la manera más eficaz para destruir los degradantes hábitos de los españoles [costumbres que los argentinos habían adoptado] y la gradación fatal de castas para crear una población homogénea, trabajadora y moral que es la única base de la igualdad, libertad y como consecuencia de la prosperidad de la nación.”[4] A pesar de este plan de construcción, durante esta época los inmigrantes no tomaron gran parte en la construcción de la nación porque pocos europeos consideraron Argentina como destino atractivo hasta los 1880s.  Luego cuando la mentalidad política se alejó de las ideas democráticas, el estado empezó a poner más importancia en otras metas con más valor que atraer a los inmigrantes.   Los revolucionarios no realizaron su visión de una identidad basada en las ideas políticas y poco después en 1880 el Partido Autonomista Nacional (PAN) llegó al poder, el mismo año que muchos inmigrantes empezaron a llegar al país.

Argentina fue uno de los países del Nuevo Mundo que recibió muchos inmigrantes entre 1880 y 1930 y “tuvo la mayor proporción de extranjeros con relación a su población total” con una tercera parte compuesta por extranjeros.[5] Habían muchas razones para emigrar a Argentina incluso: “el deseo de mejorar las propias experiencias profesionales; la búsqueda de ahorros para impedir la proletarización del grupo familiar en los pueblos de origen; o el malestar por una marginalidad social o política sin perspectiva de adecuadas salidas locales.” [6] Aunque por razones diferentes, el gobierno seguía apoyando la inmigración durante estos años porque ayudaba establecer y mantener la jerarquía social, la base de su poder.  Los inmigrantes que entraron en Argentina tenían un status alto relativo a lo de los nativos y entonces ocupaban una posición más o menos alta en la pirámide social.  Este status les daba mucho peso en la sociedad civil y a pesar del hecho de que no participaban mucho en la política, tenían mucho poder en el país.  Di Tella (1989) indica que “el status social de los extranjeros era tan significativo, que se puede decir que los que tenían problemas de adaptación eran los nativos tanto o más que los extranjeros.”[7] Esta división entre los nativos y los inmigrantes creó un sentimiento en contra de los inmigrantes y un ambiente hostil durante muchos años.  Algunos inmigrantes tenían “una actitud de superioridad respecto al país, de desprecio hacia sus tradiciones, su sistema político, y su antigua composición étnica.”[8] No les importaba nacionalizarse—solamente 2-3% lo hicieron—ni reformarse para incorporarse al país.  Su meta fue “hacer la América” y eso fue precisamente lo que hicieron con mucho éxito.  Por eso, la población nativa temía de que hubiera un trastorno social porque las ideologías de anarquía y socialismo traídas por los inmigrantes no tuvo lugar en Argentina.  También había mucho miedo a una degeneración racial porque muchos creían que los extranjeros eran razas inferiores.  Sobre todo, el temor de que el inmigrante minaba la nacionalidad y entonces la identidad argentina.

El hecho de que hubiera tantos nuevos inmigrantes con varios idiomas, con ropa rara, comiendo comida distinta y con nuevas creencias, permitió que la población argentina viera cara a cara al “otro” que llevaba consigo una identidad extranjera.  Esto resultó en la contemplación de la identidad argentina en la cara de nuevas ideas, costumbres, valores y comportamientos.  Más y más parecía buena idea unir en una comunidad homogénea con énfasis en la historia, los valores y las tradiciones.  En este punto, Argentina empezó a pensar en su identidad y definir lo que significaba ser argentino en términos de la etnicidad y la raza.  Esto causó un problema: ¿El inmigrante podría ser parte de la raza argentina?  Con una visión de la identidad basada en la raza, la marginalización de los inmigrantes sería una respuesta lógica; sin embargo, Argentina utilizó esta nueva visión para integrar a los extranjeros y hacerles parte de la nueva raza.  Juan Mas y Pi explicó que “Argentina ha sido y sigue siendo un país de confusión étnica, una conglomeración enorme de todas las razas y castas…de esta conglomeración confundida una raza increíble emergería.”[9] Esta nueva raza incluiría, en vez de excluir, al inmigrante.

Las calidades de las razas estuvieron en discusión durante los siguientes años y fue difícil que la gente se pusiera de acuerdo con lo que caracterizaba esta identidad.  Herencia, idioma, y religión fueron nombradas como algunas características, pero la cuestión de cómo desarrollar una raza argentina de estas calidades y cómo transmitírselo a los extranjeros fue problemático.  Algunos de los pensadores más conocidos se pusieron de acuerdo con la idea de que la raza argentina fue, en principio, latina. La religión e idioma eran fundamentales a esta latinidad y por eso durante los años de inmigración en masa las personas de Italia y España se integraron mejor que las personas de otros países. Al contrario, otras personas creyeron que la identidad que fue producto de los españoles solamente proveía a un elemento de la raza argentina y que la mezcla de los elementos indígenas y europeos era importante en la nueva identidad argentina.  Para Roja, uno de los principales pensadores, la identidad estaba compuesta de las personalidades distintas de cada territorio y que estas características podrían transformar a los extranjeros para nacionalizarles e integrarles en la nacionalidad argentina.  Aparte de estas características de la población, el idioma también tuvo mucha importancia en los discursos sobre como formar la nacionalidad.  La lengua sirve para identificar y unificar los miembros de la raza y les deja expresarse y recordar la historia de su comunidad.  Esta idea fue polémica porque el español vino de España, no era la lengua propia del territorio. ¿Debían crear su propio idioma para crear su propia identidad?  Algunas personas pensaron que la nueva raza conllevaría la introducción de un nuevo idioma y en algunos lugares se podían ver coloquialismos que algunos veían como el desarrollo de esta nueva lengua.  Sin embargo, otras personas pensaron que el castellano era el idioma de la identidad argentina y que era “una síntesis de la personalidad y raza nacional y que era una parte de la memoria colectiva, de la tradición y cultura.”[10] La inmigración no paró durante estas discusiones de cómo identificarse y construir una nacionalidad argentina y al final, con los nuevos ciudadanos y las viejas razas se formó una base de la identidad argentina.

En realidad, la mezcla de tradiciones que resultó de la inmigración y el proceso de integración añadieron nuevos elementos a la identidad argentina.  “El gaucho judío, el tano, el gallego, los comerciantes ‘turcos’, y su caracterización según las distintas formas de actividades económicas a las que se sumaron los recién llegados” fueron parte de esta nueva mezcla de identidades.[11] Muchos de ellos formaron grupos e instituciones para guardar sus tradiciones, ayudar a otros inmigrantes e integrarse en el país.  En algunos lugares se puede ver la influencia de estos inmigrantes en la arquitectura, la música y el arte que recuerdan a todos el impacto de las nuevas identidades.  “La confluencia de tradiciones se expresa hoy en día en actividades que se convirtieron en experiencias colectivas nacionales como por ejemplo el tango y el fútbol.”[12] En este sentido es evidente que hay un proceso de identidad que ocurre cuando uno inmigra a otro país y cuando el país acepta a esta persona.  Siempre hay elementos de la identidad que el entrante deja a la puerta para poder integrarse pero esta persona usualmente añade nuevos elementos a la identidad común de la nueva localidad y adopta otras que cambia la suya propia.  Como se puede ver el proceso es largo y duro pero es importante en el estudio de la identidad y en la historia de cómo se forma.

Un gaucho judío en su finca


[1] Secretaria de Gabinete y Gestión Pública. Acerca de la Argentina: Población. Argentina.

http://www.argentina.gov.ar/argentina/portal/paginas.dhtml?pagina=182

[2] Delaney, Jeane. National Identity, Nationhood and Immigration in Argentina: 1810-1930. Stanford Electronic

Humanities Review. http://www.stanford.edu/group/SHR/5-2/delaney.html

[3] Delaney

[4] Delaney

[5] La Dirección Nacional de Migraciones. Museo de la Inmigración. Argentina.

http://www.mininterior.gov.ar/migraciones/museo/index.html

[6] La Dirección Nacional de Migraciones.

[7] Di Tella, Torcato. Orígenes históricos del corporativismo argentino: el rol de la inmigración masiva.

Universidad de Buenos Aires: Argentina, 1992.

[8] Di Tella, Torcato., 1992.

[9] Delaney

[10] Delaney,

[11] La Dirección Nacional de Migraciones

[12] La Dirección Nacional de Migraciones

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