¡Imagínate!

8 diciembre 2009 - Leave a Response

Adrián Caetano propone que la imaginación surge como respuesta a la crisis.  Las personas que experimentan crisis, que no tienen salidas obvias tienen que utilizar la imaginación para crear soluciones al caos y a la anarquía de su vida.  Para Caetano, la imaginación no fracasa porque se la puede cambiar en cuanto una solución no funcione.  De la imaginación viene la seguridad, porque es algo que creamos nosotros mismos y cuando todo el mundo mira hacia fuera para solucionar todo, podemos mirar hacia adentro e inventar nuestras propias ideas sobre cómo resolver los problemas.  Aunque Caetano lo quiere aplicar a la industria del cine, mucho de lo que dice lo aplica a cada aspecto de la vida.  Está claro que en situaciones de inseguridad y de crisis la gente tiene que reinventar sus maneras de vivir para poder seguir adelante en el caos pero ¿es posible que esta imaginación cambie la historia?  O sea ¿puede la gente imaginar una realidad distinta a la que actualmente ocurrió?  En muchas situaciones no se puede conocer cada evento que ocurrió alrededor de una situación que resultó en caos, entonces se tienen que rellenar los espacios para resolver el problema en la mente.  La naturaleza humana es curiosa y siempre quiere tener las respuestas de por qué y cómo pero sin tener toda la información, no sería posible.  Entonces, inventamos para solucionar y para “saber” lo que pasó.

Otra parte de la imaginación viene durante el cuento de la historia.  Caetano refiere que es difícil trasmitir nuestra idea de la realidad, nuestra historia a la audiencia.  Al intentar formar una realidad comunitario, algo que ha sido un problema en Argentina a causa de la información limitada sobre los desaparecidos y la Guerra sucia, hay que relatar y compilar diferentes historias y realidades.  Debido a la dificultad de contar exactamente lo que ocurrió y la manera en que diferentes personas interpretan la misma información, la historia puede ser borrosa.  No es que el historiador mienta, pero sus memorias y experiencias nunca podrán ser perfectamente transmitidas a su audiencia.  Seguramente no puede contar cada detalle y por eso la audiencia empieza a inventar para llenar los agujeros.  También, a veces para olvidarse del horror que han experimentado o para solucionar los problemas de lo que les pasó, la historia misma puede tener algunos elementos de la imaginación del que la relata.  La mente es compleja y nos intenta ayudar a encontrar respuestas aunque sea imaginarias.

Entonces, cuando hablamos de construir una historia que ayude a definir la identidad de una persona o de un país, tenemos que hablar del pasado, de la historia y de las experiencias personales.  Beatriz Sarlo dice que “los ‘hechos históricos’ serían inobservables (invisibles) si no estuvieran articulados” y esta articulación “depende de una elección de valores” de lo que es importante recordar como historia.[1] En muchos casos alguien tiene el control sobre lo que está escrito  y recordado y esta persona determina los valores importantes en la construcción de la historia y por tanto de la identidad.  Cuando esto pasa, la historia ignora las experiencias individuales que no son “valoradas.”  En estos casos es importante que los individuos expresen sus experiencias personales para sacar a la luz la realidad de la historia nacional.  Aunque sus relatos sólo forman un pequeño pedazo del pasado, son importantes para entender los eventos que ocurrieron y como afectaron a los individuos del país.  Entonces, por las narrativas y los testimonios los individuos relatan sus historias, usualmente en la esfera pública, para hacer un entendimiento y conciencia común de los hechos históricos desde un punto de vista personal.  Sarlo destaca que aunque las narrativas, como fuentes creíbles, son poderosas en la construcción de la historia, el hecho de que son personales les hace menos abiertas “a la comparación con otras fuentes,” porque las experiencias de cada uno son diferentes.[2] En este sentido algunas personas minusvaloran estas narrativas porque solo son la realidad de una persona y no de la población entera, además algunas experiencias son tan intensas que el narrador “[desconfía] de la forma en que su relato será tomado.”  A menudo cuando eso pasa, el narrador abraza la experiencia del grupo entero como suya propia.  De este manera, pueden mostrar la realidad del impacto en su vida, pueden hablar por las victimas que no sobrevivieron y pueden relatar una historia más creíble.  Sin embargo, cuando narran de esta manera, hasta cierta punto tiene que haber elementos de la imaginación, porque las experiencias de amigos en los campos de concentración o cárceles de los desaparecidos no son propias del narrador y tienen que llenar lo que no saben con lo que imaginan como la verdad.  Seguramente pueden adivinar lo que pasó desde sus propias experiencias y pueden recibir respuestas de otros prisioneros que saben diferentes partes de la historia pero no pueden saber exactamente la historia entera.  De esta manera la imaginación entra en la construcción de la historia y la identidad.

Los historiadores no son el único grupo que utiliza la imaginación en la construcción de la historia.  De hecho, las personas que oyen las historias de segunda mano tienen gran propensión a inventar los elementos que no han sido narrados.  Por ejemplo, si un prisionero de un campo de concentración cuenta una historia en que su hermano se murió pero no explica cómo, algunos en la audiencia pueden pensar que fue matado en el crematorio mientras otros creen que lo mataron a tiros.  Como no está claro en la historia pueden inventarlo utilizando su imaginación e información que saben de los acontecimientos.  La audiencia usualmente tiene que construir su propia realidad de lo que pasó y al crear esta propia imagen todos perciben los eventos en maneras distintas.

Un grupo que ha tenido que imaginar e inventar sus propias respuestas a los fragmentos desconocidos son las personas que perdieron a su familia durante La Guerra Sucia en Argentina.  Durante estos años miles de personas fueron secuestrados por difundir ideas  contrarias  a la dictadura.  Las personas que se quedaron atrás—sus hijos, sus padres y sus amados—tenían que vivir con el misterio de dónde estaban sus familiares y de no saber si estaban muertos o vivos.  En la película Los Rubios, un ensayo fílmico en que Albertina Carri investiga la desaparición de su padre, los elementos de ficción, de imaginación y de realidad se unen para compilar su imagen de lo que pasó.  Dice en una escena que no sabe si lo imaginó o si era de verdad, pero cree que el coche de uno de los secuestradores era un Ford rojo.  Ella reconoce que su mente ha inventado respuestas para algunas de las preguntas que tiene pero esto resulta a veces en más frustración en su búsqueda de la realidad porque no sabe que es la verdad de sus “memorias.”  Ella quiere conocer a su padre y atar los cabos sueltos para tener una historia completa y una identidad fija pero no puede encontrar las respuestas necesarias para hacerlo.  Como miles de madres, padres, hijos y amigos en el país, el dolor de no saber que pasó a sus amigos, de no saber dónde están sus cadáveres, de no haber podido conocer completamente a estos seres amados, resulta en una compleja historia con enormes huecos, muchos de los cuales no pueden ser llenados afuera de la imaginación.

Esta realidad de no saber de dónde viene o de no saber qué es de un hijo—que sería el futuro de la familia—de no tener cierre,  ha tenido gran impacto en la identidad argentina.  Los narradores han permitido que partes de la historia sean conocidas pero en gran parte los argentinos han tenido que crear nuevas “memorias” mediante adivinaciones e información de investigaciones y publicaciones del gobierno.  La historia es el fundamento de la identidad y durante muchos años miles de argentinos perdieron su historia personal mientras el gobierno borró partes de la historia nacional.  Ahora, el reconocimiento de la realidad de lo que pasó, la investigación de los acontecimientos, el abrazo de las pocas memorias que hay y la imaginación, están facilitando la reconstrucción de ese perdido trozo de la historia argentina.


[1] Sarlo, Beatriz.  Tiempo Pasado: Cultura de la memoria y giro subjetivo.  Una discusión.  Buenos Aires: Siglo

veintiuno editores, 2002, 159.

[2] Sarlo, 162

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¿Cómo se puede reconstruir la memoria borrorosa?

2 diciembre 2009 - Leave a Response

“No tengo nada de él. No tengo una tumba, no existe el cuerpo, no tengo un lugar dónde poner todo esto”

-María Inés Roqué, Papá Iván, 2006

Para seguir adelante con los temas que tratan de la individualidad adentro de los asuntos de las crisis económicas y la Guerra Sucia, hay que analizar las maneras en que el individuo maneja sus reacciones frente un conflicto nacional.  A veces, los efectos de un aprieto transmiten a las siguientes generaciones.  Las maneras en que esta gente maneja sus emociones frente una tragedia distante varían pero todas logran seguir adelante con sus vidas sin una figura paternal.  En su artículo “Trauma, duelo y derrota en las novelas de ex presos de la Guerra Sucia argentina”, Fernando Reati usa el ejemplo de cómo uno se puede reconstruir y revelar su propia verdad contra la de la dictadura militar con el periodismo, pero se aplica este proceso a cualquier tipo de remedio personal.  Reati expone cierto sentimiento de sobrevivencia que aparece durante el transcurso de la reconstrucción de la memoria: “Cada recuento representa un intento de procesamiento y resolución de la experiencia traumática, pero puede ser también un síntoma más de la pervivencia del trauma.”[i] (106)  Este intento de sobrevivir el trauma se manifiesta en varias formas.  Como hemos visto antes, el documental es evidentemente uno de estas formas.  Otras pueden ser cualquier forma de arte (el baile, la pintura, la fotografía, etc.) o la participación en las organizaciones como H.I.J.O.S. y Las Madres de la Plaza de Mayo.  Analizaré una de estas formas para profundizar en los asuntos del olvido y la reconstrucción de una hija de un víctima de la Guerra Sucia.  El documental Papá Iván (2006), dirigido por María Inés Roqué asume su propia búsqueda de unas respuestas cerca la matanza de su padre y un líder de los montoneros, Iván Roqué.  Esta obra ilustra la manera en que uno se puede dirigir sus emociones a través del arte.  Roque afronta y trata de arreglar los heridos de su pasado borroso, pero al fin la hija, María Inés Roqué concluye que estas reconstrucciones no cierran las puertas a sus pasados.  Los heridos todavía existen, abiertos y sin remedio.

Iván Roqué, líder de los montoneros y padre de María Inés Roqué

Papa Iván (Roqué, 2006)

Arriba hay un clip de la primera parte del documental, Papá Iván, dirigido por María Inés Roque en 2006.  En este documental, María Inés Roque trata de recuperar la memoria vaga de su padre, un líder de los montoneros.  Iván Roque fue asesinado por la dictadura militar en 1977 cuando María Inés era una niña.  El documental empieza con imágenes de las fotos de su pasado, que son los únicos recuerdos que la permite reconstruir los pedazos de su memoria.  La estructura de la narración sigue la narración de la última carta que su padre les deja antes de morir, pero María Inés conducta una serie de entrevistas con su mamá y los compañeros de su padre para enterarse más de su vida.  Desde el principio, Roqué lucha contra la idea de ser la hija de una figura nacional para los montoneros.  Su propia identidad es formada por la etiqueta de “la hija de un héroe,” que saca la familiaridad de su relación con su padre. Con un tono abatido, ella dice: “Prefiero un padre vivo que un héroe muerte.”[ii] De esta manera, la relación con su padre es secundaria a su posición como un líder de los montoneros.  La muerte de un héroe llegó al costo de la pérdida de su padre y el dolor consiguiente de nunca conocer a su propio padre.

El hecho de que nunca haya tenido esta intimidad con su padre la pesa y siempre regresa a esta pena.  “La mirada de tus padres te confirma, te hace, te construye,”[iii] pero nunca tenía la oportunidad de tener esta experiencia: “…es como crecieras ciega”[iv] sin tener una figura paternal que usualmente te influye tanto en su niñez.  A más de las entrevistas que tiene con los compañeros de su padre, el enfoque central es la entrevista que tiene con su mamá, la esposa de Iván Roqué, Azucena Rodríguez.  Durante la entrevista entera se siente la aflicción que todavía la entristece.  Según Horacio Bernades, Azucena Rodríguez sirve como la “interlocutora privilegiada”[v] que tuvo una relación íntima con Iván.  Azucena cuenta una historia más personal a su hija, una historia que sobresalta sus características heroicas, y enfoca en su papel como padre y hombre de la familia.  En estas entrevistas, parece que siente casi culpable por la muerte de su marido.  Su justificación de la culpa está basada en su propia obligación de elegir el padre que quería para ellos.  “Me dolió mucho que me dejara, pero más para mis hijos.”[vi] Ella siente el hueco vacía de no tener un padre para sus hijos, y recuenta su tiempo con él para que su hija construya la memoria y tenga su propia imagen de su padre, aunque no está con ella.

Los acontecimientos de Azucena y los compañeros de Iván yuxtaponen con la narración de la carta a sus hijos.  Las reflexiones de Iván añaden a nuestro conocimiento de su vida personal y cómo formaron su identidad.  En la carta, dice que tenía sólo nueve años cuando cambió en un revolucionario.  A los nueve años, tenía vergüenza de lo que tenía y su propio materialismo fue le hizo cuestionar la condición humana y la desigualdad que existe entre la gente argentina.  Iván  menciona la odia que tenía por la violencia en su carta, enfatizando que los “subversivos” según la dictadura militar no eran tan violenta como la imagen que pintaron de los montoneros de esta época.  Después de narrar esta parte de la carta, salta a una entrevista con un compañero que refuerza estas calidades personales de no ser violento y tener un espíritu revolucionario.

Pero este intento de hacer un documental sobre Iván Roque es una construcción identitaria por los otros: el acto de reconstruir la memoria de su padre no llenó el vació que esperaba colmar.  Horacio Bernades destaca el fracaso de reconstruir una memoria con el propósito de calmar las raíces de su pena “La película misma—sirve para cerrar para siempre esa herida abierta.  Como es de imaginar, no logrará su objetivo.”[vii] En Papá Iván, Ella quiere vivir sin tener esto como una carga cada día, pero parece que no es posible.  “Yo creía que esta película iba a ser una tumba pero me di cuenta que no lo es.”[viii] No puede cerrar esta época perdida de su vida porque como dijo antes, sus padres son los que te forman, y en este caso, esta escasez de un padre forma la identidad de María Inés.    Igual con la intención de Albertina Carri en crear el documental, Rubios (2003), ella trata de vincular un serie de memorias borrosas pero no cumple con su propósito inicial de llegar a ciertas conclusiones satisfactorias sobre la vida de sus padres desaparecidos.  María Inés Roqué tenía esta misma pesadumbre de no conseguir el cierre emocional frente la muerte de su padre.  En vez de un padre, María Inés fue dejada con un héroe caído.  Al fin de la carta, se les despiden con: “libres o muertos, jamás esclavos”, subrayando su pasión como montonero, pero no como padre.

Conclusión y reevaluaciones frente la reconstrucción de la memoria y el olvido

A pesar de manifestar la pena del olvido en formas artísticas y cinematográficas, la ausencia de un padre es irreversible.  La identidad formada por la falta de un padre sigue definiéndola aunque quería seguir adelante con el proceso de crear este documental.  Al fin, Roqué concluye con la idea de que esta pena es parte de su propia identidad, exactamente como ser montonero fue parte de la identidad de su padre.  El acto de reconstruir la memoria es un regreso a un pasado que no recuerdas.  El hecho de que ella no recuerde completamente su tiempo con su padre le obliga depender de los acontecimientos de los compañeros de su papá y su madre.  De esta manera, la identidad individual no puede negarse de las influencias forasteras.  El proceso artístico de crear, recrear y reinventar es una manera de encauzar el dolor de la pérdida y el olvido en un proyecto productivo, que no reemplaza la falta de un padre, sino confronta el asunto para que puedan adelantarse hacia el futuro sin ignorar esta pena tan profunda y complicada.


[i] Reati, Fernando. “Trauma, duelo y derrota en las novelas de ex presos de la Guerra Sucia argentina.” Chasqui. 33.1. 2004. Pg. 106.

[ii] Papá Iván.  Dir. María Inés Roqué. SBP S.A. Worldwide, 2006

[iii] Papá Iván. Dir. María Inés Roqué.

[iv] Papá Iván. Dir. María Inés Roqué.

[v] Bernades, Horacio. “Papa Iván: La carta abierta de una hija a su padre montonero.” http://www.elortiba.org/papaivan.html

[vi] Papá Iván. Dir. María Inés Roqué.

[vii] Bernades, Horacio. “Papa Iván: La carta abierta de una hija a su padre montonero.”

[viii] Papá Iván. Dir. María Inés Roqué.

Memoria del saqueo: La economía y crisis en Argentina

2 diciembre 2009 - Leave a Response

“Y creo que lo peor de todo, y por lo que nos estamos hundiendo tan profundamente, es que nos estamos acostumbrando a vivir mal.”

El 19 de diciembre de 2001, después de 10 años de la reforma económica de Carlos Menem y las nuevas reformas del FMI bajo la presidencia de De la Rúa, los millones de pobres y desempleados, la gente que había sufrido como resultado de la privatización de las industrias y el nuevo valor del peso, las personas que no podían sacar su dinero del banco y todos los “nadies” del país “exigieron la renuncia del gobierno.”[1] Salieron a la calle haciendo sonar sus cacerolas para despertar la conciencia del gobierno que les había ignorado cuando sus niños se murieron de hambre y cuando perdieron el trabajo.  Ya exigieron algo más que promesas vanas.  Exigieron cambios, reformas y respuestas del gobierno que les había quitado el trabajo en lugar de crear nuevos puestos y que les había traicionado.  “El pueblo unido jamás será vencido,” dijeron los miles de trabajadores, desempleados, jubilados y estudiantes durante días de protestas que resultó en la declaración de un estado de sitio y la renuncia del Presidente De la Rúa y el ministro económico Domingo Cavallo.[2] La lucha de un pueblo unido en Argentina fue consecuencia de una larga historia de deuda, de hambre, de promesas falsas, de desempleo y de traiciones de múltiples gobiernos.  En este momento el pueblo argentino se hizo identificable, visible a todo el mundo como una gente sobreviviente y tenaz que podía perseverar de cara en cualquier crisis, que ya no era un “nadie”.

Desde la primera negociación argentina de un préstamo extranjero entre Rivadavia y un banco inglés en 1824, el endeudamiento de Argentina ha sido una causa del empobrecimiento y la corrupción del país.[1] La deuda ha sido una parte importante de todos los gobiernos desde aquél contrato, pero en lugar de ayudar al pueblo, ayudaba a los bancos y corporaciones internacionales y la deuda se empeoraba cada vez más.  Con los primeros años de la dictadura militar entró un nuevo modelo económico: el neoliberalismo.  Durante el periodo de la dictadura, el ajuste, un plan para una reforma financiera, reformó como funcionaría la economía argentina.  El director del ministerio de economía, José Alfredo Martínez de Hoz, introdujo la congelación de los salarios de los trabajadores que resultó en un sufrimiento horrible de la clase baja.  Durante la dictadura los ingresos de los trabajadores “cayó un 40 por ciento” y junto con la inflación esta gente no tuvo esperanza para mejorar la vida y muchos quedaron sin nada.[2]

“El país que encontró la dictadura estaba acosado por una creciente inflación que amenazaba con devorar la capacidad de consumo. En 1975, la inflación llega a subir más del 300 por ciento al año, el PBI descendió un 1,4 por ciento y el PBI per cápita descendió un 3 por ciento. Mientras, los precios al consumidor subieron entre marzo del ’75 y enero del ’76 un 566,3 por cien.”[3]

Durante los años siguientes, estas cifras no mejoraban sino que empeoraban.  Las altas tasas de interés obligaban que las empresas se endeudaban en el extranjero y la capacidad de consumo bajaba más cada año.  Durante el mismo tiempo, las personas que habían tomado créditos hipotecarios experimentaron tasas de interés extraordinarias o tuvieron que dar sus viviendas al banco cuando los préstamos llegaron a ser impagables.  Durante los siete años de dictadura el gobierno cuadriplicó la deuda externa de 7.875 millones de dólares a 45.087 millones, transfirió mucho capital al exterior, “se redujo la producción y empleo industrial” y aumentó “la brecha entre ricos y pobres…un 50 por ciento.”[1] Estos cambios resultaron en una situación polémica que ha tenido repercusiones en cada gobierno hasta hoy y ha creado una situación social de que mucha gente no puede salir.

En 1983, la democracia volvió al país con el gobierno de Alfonsín, un presidente que prometió guardar “el respeto para la dignidad del hombre en la tierra Argentina.”[2] Dijo que el estado no se podía subordinar a los grupos financieros internacionales y que su administración intentaría discutir las deudas de la dictadura, pero como el estado no tuvo dinero, su plan económico cambió.  Mientras decía a los ciudadanos que repudiaría las deudas, dejaba que el Banco Central transfiriera fondos públicos a los bancos y a las corporaciones para pagar a los acreedores externos.  Su “traición” en contra de la gente argentina acabó en 1989 con saqueos de los supermercados y su renuncia al mandato.  Otra vez, la esperanza de la vida buena—la educación, el cese de la pobreza, del hambre y mejores condiciones económicas— terminó en traición y crisis.

Cuando Menem entró al poder después del gobierno de Alfonsín, la inflación había crecido a una tasa de 900 por cien y la deuda externa había llegado a 54 mil millones de dólares.[1] Menem, bajo el nombre del partido peronista, prometió una reforma económica y política que daría comida a todos los niños con hambre, trabajo a los que no lo tenían, techos a los sin hogar y “una nueva y gloriosa tierra” a todos los argentinos.[2] Introdujo nuevas políticas estrictas y reformas sociales pero traicionó al pueblo argentino cuando seguía el modelo de neoliberalismo, dio amnistía a los líderes de la junta y dejó que el Banco Mundial y el FMI establecieran las políticas económicas del país. Una de las respuestas de Menem a la deuda fue dejar que los acreedores determinaran cuánto las empresas, los individuos y el gobierno mismo les debían y el Congreso nunca discutió estas deudas aunque años antes habían aprobado leyes que dijeron que algunas de las deudas eran ilegitimas por ser adquiridas durante la dictatura.[3] “Diez años después [esta deuda] llegará a 130 mil millones de dólares.”[4] Hizo reformas para tener el poder completo para privatizar las industrias públicas e imponer las reformas que quería.  Cuando privatizó dos de las más grandes empresas del estado, YPF y Gas del Estado, miles de personas perdieron sus puestos de trabajo y sus pensiones con los nuevos dueños.  Los dueños de las PYMES no podían competir con las compañías internacionales con las cuales Argentina había empezado a comerciar.  La corrupción del estado permitió que los ejecutivos del gobierno se hicieron ricos a costa del pueblo argentino que ya no tenía comida, trabajo, cuidado médico ni educación.  Al final, el gobierno de Menem dejó Argentina en crisis, sin la republica para la que había luchado durante décadas y con la desesperanza de que la democracia había fracasado.  Ya no tuvieron mucho más que sus tradiciones, sus valores, sus memorias y su identidad.

Durante la privatización de las industrias, gobiernos y empresas externos compraron las compañías públicas por un porcentaje pequeño de lo que valían.  Cuando la empresa de agua fue comprada por una empresa europea, no acabaron las obras que prometieron hacer y 8.000.000 personas quedaban sin agua potable y millones sin alcantarillas.[1] Las personas que vivían en las regiones que dependían del ferrocarril fueron devastadas.  Miles de familias tuvieron que mudarse a otro lugar para poder ganar dinero cuando los 95.000 puestos de trabajo bajaron a 15.000 en estas regiones y cuando lo mismo pasó en otros sitios.[2] El gobierno cambió sus subsidios a empresas que antes controlaba por los beneficios a las personas; un nuevo préstamo de 700 millones dólares y los intereses de la misma cantidad fue el resultado de evitar pagar los subsidios a las empresas.[3] Al fin y al cabo, el gobierno argentino todavía tenía que pagar subsidiariamente a muchas de las industrias que privatizaron y ha perdido más que si no lo hubiera hecho: la confianza de sus ciudadanos, mil millones dólares, puestos de trabajo y el bien estar de su población.  En un país que antes “tuvo los más avanzados derechos sociales” ahora tenía personas que no podían conseguir trabajo y cuando lo tenían, sufrían “rebajas salariales y empeoramiento de las condiciones de trabajo.”[4] Estas acciones del gobierno y situaciones sociales cambiaron la actitud de los argentinos que fueron afectados por la privatización.  La gente recordó su esperanza de una buena vida —o por lo menos manejable—y se acordó de los derechos de antes.  Al mismo tiempo encontró otra vez su manera de sobrevivir cuando su gobierno había fracasado.  Su memoria e historia colectiva la unificaba para poder luchar en contra de los robos del gobierno.

En su segunda administración, Menem y sus seguidores  desarrollaron una “mafocracia” que estaba involucrada en el tráfico de armas y drogas.[5] Los ejecutivos del gobierno y sus familiares controlaban muchas de las compañías que antes eran públicas y las compraron por un décimo del precio, se hicieron ricos en minutos.  En lugar de reinvertir en su propio país, transfirieron mucho del capital a cuentas en los EE.UU. y otros lugares para guardar para sí todos los beneficios.  Al mismo tiempo, las familias de los pueblos no tenían ni comida para dar a sus hijos y cada día se hicieron más pobres.  Muchas de las personas involucradas en esta corrupción ni estaban denunciadas o sólo recibieron pequeñas penas por sus acciones—Menem solamente fue castigado con cinco meses de arresto domiciliario.  En 2001, como consecuencia de la poca confianza del pueblo en los neo-peronistas, Fernando de la Rúa y su administración llegó al poder.  Otra vez sus promesas eran falsas: había rebajas de los salarios de los funcionarios y aumento de impuestos.  Cavallo entró otra vez a ser el ministro económico; sus cambios dieron como resultado la destrucción de la clase media, haciendo los ricos más ricos y los pobres más pobres.  “Los chicos [vivían] de la basura,” dice un doctor. “Y eso de clasificarles como un sub-producto de la sociedad es indignante.”[6] Pero eso es lo que pasó.  La película Memoria del saqueo clasifica estos años de hambre y pobreza como un genocidio social, una masacre de los intocables, indeseables, y nadies, como si las administraciones argentinas querrían borrar a estas personas de su identidad.  No funcionó.

20 de diciembre en Buenos Aires.  Foto Carlos Brigo

Los años de la dictadura y las reestructuraciones de Menem y De La Rúa no vencieron a la gente argentina.  El hambre, las traiciones de los gobiernos, la deuda que les quitaba todo, la privatización de las industrias, el desempleo, los muertos y los robos sirvieron para unificar a la gente y son recuerdos que la gente nunca podrá olvidar.  La identidad, historia y memoria común, aunque en algunos aspectos diferentes, fueron las y siguen siendo las cosas que dan voz y fuerza al pueblo. Durante tiempos de crisis, es cuando se manifiesta la identidad de una población. Cuando uno no tiene nada o pierde lo que tenía, su historia, su cultura y sus valores son las cosas a las que se agarra porque siempre estarán y nadie les puede quitar.  Lo que significaba ser argentino hizo posible que la gente siguiera andando en épocas de crisis y de pérdidas y al final fue la identidad del pueblo lo que unificó a todos en la lucha por las reformas.  Las madres, abuelas e hijos de los desaparecidos siguen buscando respuestas a las desapariciones de sus amantes, los piqueteros hacen lo necesario para ganar sus batallas, las organizaciones de trabajadores, vecinos y pueblos se unifican y fortalecen en grupos de personas que solos no podían luchar por sus derechos.  El día 19 de diciembre de 2001, 25 personas se murieron por sus creencias, sus valores y las vidas de su pueblo.  No eran los nadies, eran la base de la identidad argentina y sin ellos, aunque no pareciera a los gobiernos, no funcionaría el país.  Aunque durante los años de supervivencia el poder de la identidad y la memoria colectiva era invisible, aquel día, fue innegable.

Se puede ver Memoria del saqueo aquí:

http://video.google.com/videoplay?docid=-4477082254339304915#

Fuentes:

Igal, Diego. Golpe de estado: 25 años después. “Indicadores económicos.” Argentina: Terra, 2009.
http://www.terra.com.ar/especiales/golpe/indicadores.html

BBC. Timeline: Argentina. Reino Unido.
http://news.bbc.co.uk/2/hi/americas/country_profiles/1196005.stm


    [1] Memoria del saqueo.
    [2] Memoria del saqueo
    [3] Golpe de estado: 25 años después

    [4] Golpe de estado: 25 años después

    [5] Golpe de estado: 25 años después.

    [6] Memoria del saqueo

    [7] BBC. Timeline: Argentina. Reino Unido.

    [8] Memoria del saqueo

    [9] Memoria del saqueo

    [10] Memoria del saqueo

El paralelismo en Garage Olimpo: acontecimientos entrelazados de la Guerra Sucia

28 noviembre 2009 - Leave a Response

Para seguir adelante con la idea del testimonio y el valor de la memoria individual, hay que enfocar en otras maneras de contar las historias de la Guerra Sucia.  ¿Cómo caben los acontecimientos personales de los desaparecidos adentro del asunto grande de la Guerra Sucia? Entre los años 1976 a 1983, la dictadura militar argentina bajo Jorge Rafael Videla secuestró y torturó a miles de argentinos que les nombraron “subversivos”, “izquierdistas” y “radicales”.  Muchos de ellos eran periodistas, intelectuales, jóvenes que eran parte de la Juventud Peronista, y profesores que tenían ideales aparentemente socialistas—una gran amenaza a la estabilidad del estado argentino.  Aunque el ejército se negó al secuestro de esta gente, no se puede dudar los hechos contados por la gente que lo habían sufrido de primera mano.  El director de la película Garage Olimpo (1999), Marco Bechis era uno de los secuestrados.  Bechis fue raptado por el Ejército durante la Guerra Sucia por diez días y lo liberaron por tener un pasaporte italiano.  Después, se mudó a Europa, quedado por una cicatriz psicológica pero lista para reconstruir los pedacitos de su memoria.  Por eso, su obra Garage Olimpo es una serie de acontecimientos supuestamente no relacionados, pero parecidos a la misma vez.  Esta película trata de una joven que se llama María y ella vive con su mamá francesa, Diane, en Buenos Aires.  Subarriendan los cuartos del apartamento y dan clases a adultos analfabetos en los barrios pobres de la ciudad.  El ejército militar la secuestra y su mamá sigue buscando información sobre ella mientras la torturan en el Garage Olimpo.  Como hemos visto en las semanas anteriores, los acontecimientos de cada personaje tienen valor y hay diferencias distintas entre cada uno.  Pero la acumulación y los paralelismos entre todos crean el efecto del dolor colectivo.  Bechis usa el sonido y la filmación para provocar los sentimientos de estar cegado, secuestrado y sufocado en el Garage Olimpo.  La historia de esta película sirve como una de las grietas que han hecho los cineastas argentinos y otros activistas en la fachada de la historia oficial de la Guerra Sucia.  Bechis utiliza estos elementos sensoriales para crear un ambiente de incomodidad, tensión y sufoco pero de un modo que conecta los personajes que sufren de varias maneras.

Bechis crea ciertos paralelos entre los personajes que vinculan sus historias individuales.  Cuando el Ejército lleva María al Garage Olimpo, su mamá va al policía inmediatamente para reportar el secuestro.  Cuando está en la oficina, cuenta al agente de policía de lo que ha pasado a su hija y él dice que probablemente era los subversivos que la secuestran.  Pero Diane está segura que era el Ejército.  A la misma vez, detrás de ella hay una mujer que está reportando otro secuestro de su marido a otro agente.  Se puede ver la repetición en sus acontecimientos y que hay unas palabras que se solapan entre ellas.  Las mujeres se miran y con este vistazo empiezan a formar una relación basada en la búsqueda de su marido e hija.  Cuando no obtienen una repuesta fija del policía, van a la iglesia para investigar si hay algún tipo de información cerca el secuestro de ellos.  Cuando Diane va al confesorio el sacerdote pide el nombre de su hija y de repente se da cuenta de que no puede confiar en él.  Sale del confesionario y avisa a su compañera y el resto de la gente que espera el sacerdote que no hablen porque pide nombres.  En este momento la iglesia, la institución fija donde la gente busca consuelo y comodidad en sus rezos, se convierte en otro apéndice corrupto de la dictadura militar.  Pero la solidaridad entre esta gente desconocida es lo que da luz a la corrupción de la dictadura.  Aunque Diane, la otra esposa en la oficina y los personajes en la iglesia han perdido sus seres amados por diferentes razones, se unen para entender mejor la manipulación del Ejército.

Otro paralelo en esta obra es la doble relación que existe entre María y Félix.  Félix es uno de los inquilinos que vive en el apartamento de Diane y está enamorado de María.  Pero cuando la secuestran, el espectador se da cuenta de que Félix es parte del Ejército y él está a cargo de la tortura de María. Al principio del film los dos son conocidos sólo porque Félix es un inquilino en su casa.  Félix quiere que María dé su foto a él para que parezca que ella es su novia.  María no muestra una gota de interés y se niega de perseguir una relación con él.  Cuando el Ejército la secuestra, los papeles de control cambian y Félix se convierte en el torturador.  María ya no puede rechazar los deseos de Félix.  En su relación antes del secuestro de María, ella tenía el control y pensaba que el encaprichamiento que Félix siente por ella es una tontería.  Pero en el Garage Olimpo, Félix manda el destino de su vida.  Por eso Félix ahora puede realizar la relación que siempre quería con ella, pero bajo condiciones tortuosas.  En su artículo “Marco Bechis’ Garage Olimpo: Cinema of fitness”, Amy Kaminsky expone este cambio de roles entre María y Félix: “El film sigue la desintegración sicológica de María bajo las condiciones de aislamiento relativo y tortura tácita, en que Félix es su único vínculo a su mundo anterior.”[i] En este sentido, Félix es la única persona que la salve de volverse completamente loca.  María tiene que cooperar con Félix y darle la información apropiada para que él pueda mantener su posición como su torturador pasivo.  Félix la lleva comida y flores y ella responde no con gusto amoroso, pero con aceptación civil.  Adentro del Garage Olimpo María está debilitada, cegada y aislada de la vida que conocía antes.  Esta doble relación significa la pérdida de control de su propia vida y como la dictadura militar trata de fabricar las fachadas de estabilidad, cubriendo el horror de la tortura.

Al fin, el último paralelo es la muerte.  Bechis crea un vínculo circular entre el comienzo del film, la muerte del General, Diane, María y los otros secuestrados.  La primera escena de Garage Olimpo expone una chica visitando a su amiga en su apartamento.  Cuando ella entra, la chica va a un cuarto y pone una bomba casera abajo de una cama sin decir nada a su amiga.  Desde este punto la historia de María empieza y no volvemos a esta escena hasta el fin cuando se revela que de hecho, es el apartamento del general del Ejército y la amiga de su hija puso la bomba debajo de su cama.  Pero Bechis usa un salto abrupto para vincular la muerte del general con la muerte de los secuestrados.  Cuando la bomba está a punto de explotar, la escena cambia y el ruido que debe venir de la explosión de la bomba es el ruido del avión con las víctimas del Garage Olimpo.  Este salto significa que aunque el general se muere, el Ejército sigue torturando a la gente.  En este sentido el Ejército no depende del individuo sino el colectivo de gente fiel al estado argentino.  La muerte del General no disminuye la fuerza del Ejército.  Pero Kaminsky se fija en la muerte como un ciclo interminable: “Además, no hay nada optimista de modo sentimental sobre el film.  El momento de triunfo—el asesinato del comandante del centro de detención, es inmediatamente recuperado por el estado terrorista, para que la muerte de María aparezca un resultado directo de este triunfo breve.”[ii] Bechis tiene un propósito intencionado cuando entrelaza estas muertes.  No hay un sentimiento de satisfacción ni de cumplimiento como la historia típica de una película.  De este modo la filmación juega un papel significativo en planteando el mismo rencor insatisfecho que sentían los víctimas.

Hay propósito en las decisiones cinematográficas que hace Bechis como vemos en los paralelismos de los personajes.  Cada rodaje de la cámara es bien pensado si es una manera de ilustrar el aislamiento o si se repite al fin de la película para revelar por qué la escena está filmada así.  Hay unos rodajes por la duración entera de la película filmados desde arriba de la ciudad.  Al principio, el espectador no estipula nada más que Bechis está usando la filmación a vuelo de pájaro.  Pero no se puede ver el verdadero propósito de este estilo de filmar hasta el fin, cuando se revela que la punta de vista desde arriba es de una avión llena de los secuestrados.  Los miembros del ejército les envenenaron y les tiraron en el Río Plata, el primero rodaje del film.  Además, el ángulo de los rodajes desde afuera y detrás de los barrotes simboliza la distancia de un verdadero conocimiento de la realidad de la tortura adentro del Garage Olimpo.  Según Kaminsky, las barreras son símbolos de impedimentos por ambos lados—adentro y afuera del centro de detención: “Bechis intensifica los horrores oscuros e inexorables del centro de detenimiento cuando los contrasta con lo ordinario de la vida que pasa afuera de sus puertas.”[iii]

Aunque la filmación y los símbolos visuales destacan los temas centrales del aislamiento y el paralelismo, el sonido provoca el sentimiento de ser torturado.  El sonido juega un rol especialmente significativo porque la experiencia de Bechis en un centro de detención detrás de la venda por su mayor parte es auditiva.  Por eso, Bechis se fija en los sonidos del Garage Olimpo, especialmente la música, la radio y el ping pong y la radio.  Hay una ironía en la música feliz que toca en el Garage Olimpo.  Esta estrategia insensibiliza la pena y el horror de la tortura y crea una la apariencia de alegría cuando supuestamente no puede existir en un centro de detención.  De vez en cuando, se oye las noticias de la Copa Mundial de 1978 en Buenos Aires en el Garage Olimpo.  La llegada de los partidos de fútbol se disminuyó la gravedad de la Guerra Sucia y evitó la realidad que los secuestrados y sus familias todavía estaban sufriendo.  Bechis señala este asunto desde adentro el Garage Olimpo, significando que mientras los secuestrados siguen siendo torturados, el mundo afuera se adelanta con la vida como si nada pasara.  Otra vez, el sonido ahoga la realidad de la Guerra Sucia argentina.  Otro elemento auditivo es el ruido casi tortuoso del juego de ping pong.  Los miembros del Ejército pasan su tiempo libre jugando y el sonido repetitivo de un juego hace eco en las cárceles.  La repetición significa el ciclo circular y el estancamiento del destino de María y los otros secuestrados en el Garage Olimpo.  El hecho de que este ruido provoque los mismos sentimientos de agitación en el espectador añade al efecto sensorial de la obra. Todos estos elementos auditivos y visuales se acumulan a crear un ambiente constante de la tensión que Kaminsky se llama el “grip of inevitability.”[iv] El espectador ya sabe lo que va a pasar a los desaparecidos, pero les ven desintegrándose hasta su ruin fatal.

Los estrategias cinematográficos que usa Bechis plantean la fundación de el tema del la ceguera fabricada durante la Guerra Sucia.  La venda es el símbolo más amplio en creando este “mundo de sonido.” Cuando uno de los miembros del Ejército lleva María a su cárcel, le dice: “No vas a ver más…Te voy a sacar los ojos con una cuchara”[v] Literalmente y simbólicamente el Ejército controla a la visión de cada uno de sus víctimas, haciendo más difícil el proceso de recrear la memoria de esta época.  Por eso, la posmemoria y la narrativa es un proceso colectivo en que los pedazos de la experiencia individual agregan a la reconstrucción de una historia que desvela el horror ocultado por la dictadura militar.  Según Kaminsky, el cine es un método de recrear esta historia: “Con Garage Olimpo, Bechis participa en la creación de este archivo histórico, haciendo la memoria bajo las condiciones del borrón, o dentro de una lucha entre la inscripción y el borrón.”[vi] Como se ve en el vínculo entre individuos (si son inmigrantes o madres de los desaparecidos), la voz del individuo se ubica en el gran mosaico de “los inmigrantes” o “los desaparecidos” argentinos.  La unión de estas víctimas es una red de apoyo e información compartida contra un gobierno que quiere borrar la realidad de la Guerra Sucia.  En Garage Olimpo, Bechis usa la cinematografía para destacar este cruce de las historias individuales y cómo los fragmentos de cada una desconstruye la fachada de complacencia durante el Proceso argentino.

Otras Fuentes

Garage Olimpo.  Dir. Marco Bechis, 1999. (Ve Tranchini p. 129-130).

Kaminsky, Amy. “Marco Bechis’ Garage Olimpo Cinema of witness”. Jump Cut: A Review of Contemporary Media. No. 48. 2006.

Reati, Fernando. “Trauma, duelo y derrota en las novelas de ex presos de la Guerra Sucia argentina.” Chasqui. 33.1. 2004. Pg. 106-128.


[i] Kaminsky, Amy. “Marco Bechis’ Garage Olimpo Cinema of witness”. Jump Cut: A Review of Contemporary Media. No. 48. 2006.

[ii] “Kaminsky, Amy. “Marco Bechis’ Garage Olimpo Cinema of witness”.

[iii] “Kaminsky, Amy. “Marco Bechis’ Garage Olimpo Cinema of witness”.

[iv] Kaminsky, Amy. “Marco Bechis’ Garage Olimpo Cinema of witness”. Jump Cut: A Review of Contemporary Media. No. 48. 2006.

[v] Garage Olimpo.  Dir. Marco Bechis, 1999. (Ve Tranchini p. 129-130).

[vi] Kaminsky, Amy. “Marco Bechis’ Garage Olimpo Cinema of witness”. Jump Cut: A Review of Contemporary Media. No. 48. 2006.

Testimonios individuales, solidaridad colectiva

26 noviembre 2009 - Leave a Response


Como las películas argentinas de inmigración ilustran los matices de la población nacional, los testimonios sirven para destacar la complejidad de los casos personales adentro de un grupo de gente.  Según Proyecto desaparecidos, hay 749 casos reportados por CONADEP (Comisión Nacional Sobre la Desaparición de Personas) de desaparecidos judíos en Argentina por ejemplo.  El testimonio es una manera de entender el pasado y expresar una experiencia individual.  Hay tanta variedad de testimonios específicamente en el caso de los desaparecidos.  El informe “Nunca más” de CONADEP sirve para la fundación de esta investigación.  El documental, Las madres (Muñoz y Portillo, 1985) enseña unos casos individuales que sirven para un enfoque microsocial adentro del asunto general de “los desaparecidos.”  El hecho de que cada caso tenga años de dolor y resentimiento humaniza los estadísticas de los miles de desaparecidos reportados por CONADEP.  Una manifestación artística de la humanización de los casos individuales es El muro de víctimas, creado por el Proyecto desaparecidos.  Este sitio expone el impacto estético de ver la cara de cada víctima y se puede hacer un clic sobre la cara, y ver un pequeño resumen de la historia individual (http://desaparecidos.org/arg/victimas/muro2.html).

Ahora, antes de ver la película y leer los materiales, creo que los testimonios individuales añaden a un efecto más aplastante en vez de hablar de todos los desaparecidos en general.  Pero espero que esta investigación desarrolle o cambie mi hipótesis.

Hasta hoy en día, Las Madres de la Plaza de Mayo se reunen en Buenos Aires.


“Nunca Más”, CONADEP

La Comisión nacional sobre la desaparición de personas fue formada en 1983 por el nuevo gobierno democrático del Presidente Raúl Alfonsín en Argentina para investigar los casos de los desaparecidos.  El objetivo de la investigación es desvelar equitativamente la historia de los derechos humanos violados durante la Guerra Sucia en los años 70.  Al principio del documento, la investigación expone que “Nuestra comisión no fue instituida para juzgar, pues para eso están los jueces constitucionales, sino para indagar la suerte de los desaparecidos en el curso de estos años aciagos de la vida nacional.”[1] En este sentido, la investigación agrupa las historias de cada desaparición y las coloca en lo que se llaman “la vida nacional.”  Pero “Nunca más” destaca los fallos del discurso de la dictadura militar—la suposición del gobierno central que todos los subversivos eran “«marxistas-leninistas », «apátridas», «materialistas y ateos», «enemigos de los valores occidentales y cristianos»”[2], manejó la ejecución de las atrocidades durante la Guerra Sucia.  Hasta cierto punto, la investigación trata de limpiar las ideas equivocadas y adelantar las voces reprimidas por tantos años.

Antes de enumerar los casos investigados, hay una breve advertencia en el capítulo uno que señala la posibilidad de errores y parcialidades porque “los hombres y mujeres de nuestro pueblo sólo han conocido horrores semejantes a través de crónicas de otras latitudes.” Además, la investigación propone que “Cualquiera de ellos [testimonios] por sí solo, permitiría formular la misma condena moral a la que arriba esta Comisión.”[3] Teniendo esto asunto en cuenta, ¿es posible que la acumulación de acontecimientos individuales pudiera exacerbar el enojo y el rencor para el gobierno de esta época?  La manifestación de todos los casos en un solo reportaje sirve para destacar la gravedad de las matanzas y las torturas veladas.  Para hacer más real las acciones inhumanas de la dictadura militar, la investigación tiene unas estadísticas sobre las desapariciones, pero las yuxtapone con acontecimientos individuales.  Después de ilustrar una tabla de los lugares de secuestro, hay una denuncia de la matanza de Alberto Santiago Burnichon según su esposa.  Sin prejuicio o rabia evidente, su esposa cuenta paso a paso de las circunstancias del día en que el Ejército secuestró a su familia: “Yo fui liberada al día siguiente, luego lo fue mi hijo, quien estuvo detenido en el Campo “La Ribera”.  Nuestra casa quedó totalmente destruida.  El cadáver de mi esposo fue hallado con siete impactos de bala en la garganta.”[4] La investigación sigue de esta forma: de destacar unos asuntos cerca las desapariciones (la ubicación de los niños, la tortura, el tabicamiento, los centros clandestinos de detención, etcétera).  Estas narraciones personales humanizan la historia oficial.  Cada caso tiene un número de legajo, implicando que este caso es uno de los miles de detenidos que tienen una historia personal.  Además, contar una historia individual adentro del reportaje afronta las negaciones de los acontecimientos históricos por unas figuras de la dictadura militar y el Ejército de esta época.

El informe termina con unas recomendaciones para que el gobierno nuevo pueda seguir adelante después de esta atrocidad histórica.  Unas de ellas son las recomendaciones de apoyo económico para las familias de los desaparecidos, el aplazamiento de los ideales de la Comisión nacional con un organismo gubernamental permanente, y la sanción de las violaciones de los derechos humanos.  El propósito de esta investigación es formalizar los casos de las desapariciones frente el gobierno nacional.  Antes de la publicación de “Nunca más”, había mucha retórica de llamar las Madres de la Plaza de Mayo “las locas” o había un silenciamiento de los afectados.  Con este reportaje, los acontecimientos de los desaparecidos tienen el apoyo de un discurso imparcial en vez de solamente reprender o castigar al Ejército sin una fundación fuerte y oficial de hechos enumerados por una organización gubernamental.  Desde la fecha de publicación en 1984, “Nunca más” ha tenido un impacto no solamente en la Argentina, sino en la comunidad internacional.  Por eso, no se puede negar la importancia del poder de la solidaridad frente el asunto enorme de “los desaparecidos.”  Una voz oprimida no pudiera adelantar sin el hombro de un compañero o la formación de organizaciones como la Comisión Nacional Sobre la Desaparición de Personas.

Las Madres de la Plaza de Mayo llevan máscaras y panuelos blancos


Las madres

El documental Las madres, dirigido por Susana Muñoz y Lourdes Portillo (1985) realiza las voces de las Madres de la Plaza de Mayo en una obra cinematográfica.  De modo parecido al formato de la investigación de CONADEP, el documental Las madres yuxtapone la historia argentina con casos individuales de los desaparecidos.  Las directoras utilizan unos saltos abruptos entre seis historias distintas y un discurso general de la historia durante la Guerra Sucia no para negar el significativo del individuo, sino para enfatizar las semejanzas entre las madres y colocar su dolor individual en un contexto histórico para humanizar el conflicto.

El documental empieza con las madres que se reúnen en La Plaza de Mayo cada jueves para recordarse de la memoria de sus hijos y demandar que la gente sepa la verdad sobre la desaparición de ellos.  “Queremos nuestros hijos”, “No nos dicen si están vivos o muertos” grita una de las madres[5].  Los sentimientos de angustia y traición pega al espectador mientras las madres se juntan frente de la Casa Rosada, demandando la ayuda de las instituciones que han cerrado sus puertas hace muchos años.  Cuatro madres: Aida Suárez, Elida Galletti, René Epelbaum, María Elisa Haschmann y el padre de Tito Martín Ramón son los protagonistas de las historias de sus hijos.  A la misma vez el narrador del documental cuenta la historia de la Guerra Sucia.  Un aspecto sobresaliente de esta historia es la presencia de unas entrevistas con varias figuras gubernamentales, militares, sociales y académicos.  Muñoz y Portillo no solamente dejan que las madres narran sin los puntos de vistas de una variedad de ex soldados, profesores y policías durante la dictadura militar.

El impacto visual de las imágenes de los hijos, sus tumbas, las cartas y otros materiales colectadas por las madres añade a la pesadez del dolor que cada persona dura.  Por ejemplo, René Epelbaum cuenta la historia de sus tres hijos desaparecidos que fueron secuestrados en Punta del Este, Uruguay.  Epelbaum describe su hijo Luis como alguien que tenía miel en los pantalones, un joven inofensivo de veintitrés años con toda la potencial de adelantarse en el mundo.  Eso significa que la perspectiva de una madre es el opuesto de la visión de la dictadura militar de nombrar estos jóvenes “comunistas” y “enemigos del estado”.  Los saltos a otros casos individuales enseñan las semejanzas que hay entre los desaparecidos.  La mayoría de los hijos fueron jóvenes intelectuales.  En el caso de Luis, estudiaba abogacía, era poeta y músico.  En otros casos, los hijos fueron profesores, defensores de los derechos humanos y miembros de la Juventud Peronista para nombrar pocos.  Estos hijos eran parte una generación de jóvenes con esperanza y determinación para mejorar la condición humana.

Los líderes de la junta militar, a la izquierda–Admiral Emilio Eduardo Massera

Pero las directoras fusionan el discurso de cada uno adentro de la caos política en Argentina, durante y después el gobierno peronista.  El Ejército militar derrocó el gobierno débil de Isabel Perón y empezó a “quitar” el caos con el secuestro de los oponentes de la dictadura.  A pesar de este discurso de la fuerza de la dictadura, las directoras ilustran como unos casos individuales llegaron a formar Las Madres de la Plaza de Mayo.  En el documental, hay un momento en que una de las madres habla de su harto con el dolor y como la pena de llorar la lleva a una acción colectiva con otras mujeres que sintieron el mismo dolor de la pérdida, el miedo y la represión.  Otra madre señala que no importa las diferencias de hijos (de dónde vienen, en qué creen, etcétera).  Lo importante es que “todos éramos la misma persona” y pudieron reconfortar la otra en La Plaza de Mayo.  Pero la fundación de Las Madres de La Plaza de Mayo no está ubicada en una vacía sino en un contexto histórico contado por varias perspectivas.  Había dos entrevistas en el documental que contaron unos puntos de vista distintos adentro de los dirigentes de la dictadura militar.  El jefe de la policía provincial de Buenos Aires, Ramón Juan Campos era una de las figuras que se negó de las matanzas de los desaparecidos.  Del otro lado, Juan José Cosi era otra policía durante la dictadura que conocía bien la capacidad de sus compañeros y se notó la tortura ideológica de ellos.  Desde la punta de vista del Ejército, los jóvenes “subversivos” cometieron cerca de 21,642 actos terroristas según el documento final de la dictadura militar y eran listos para matar.  Este documento justificó las acciones del Ejército en su propia mente, pero no se puede negar que los actos eran atrocidades inhumanas.  Entrevistas con profesores y defensores de los derechos humanos contaron que les dieron drogas y les tiraron en la mar, les quemaron en hornos y les torturaron en centros de detención con prueba definitiva.  Desde este choque de discursos, las justificaciones y las negaciones del Ejército empiezan a derrotar con hechos documentados e historias personales.

Otro ejemplo de los saltos en el documental es cómo las directoras crean un sentimiento de pregunta-respuesta entre las madres y el narrador que están contando la historia de esta época.  En una instancia, una madre pregunta cómo alguien se puede planificar algo tan horrible (refiriéndose a la tortura) y de repente hay un salto a la entrevista con el ex policía y él responde indirectamente que era el Almirante Emilio Eduardo Messera que negó a la existencia de las desapariciones en general según sus documentos.  Las directoras señalan a la Copa Mundial ubicada en Argentina en 1978 y cómo este evento disminuyó a la gravedad de las desapariciones.  A las madres, les parecían que la gente se convirtió en una población indiferente que se olvidó el horror de los desaparecidos.  Por eso, la Copa Mundial era un táctico del gobierno de silenciar a la población y velar las víctimas de la Guerra Sucia con un orgullo nacional fabricado.

Pero un evento de corto plaza no pudiera silenciar las voces determinadas de las madres.  El documental termina con la presencia de la comunidad internacional en los asuntos de los desaparecidos argentinos.  Poco a poco, Las Madres de la Plaza de Mayo consiguieron el apoyo internacional por la falta de apoyo nacional.  Ellas empezaron a tomar acción con los líderes de otras embajadas en la Holanda, el Canadá, la Italia, la Francia y la España.  La importancia del conocimiento mundial a demandar justicia del gobierno argentino.  El papel de los Estados Unidas era crucial durante la presidencia de Carter cuando llamó por la investigación concienzuda de los derechos humanos en la Argentina.  De esta manera, Las madres no es un documental únicamente testimonial.  Muñoz y Portillo arreglan los pedazos de los testimonios individuales con los acontecimientos históricos para enraizar el dolor de una madre en un hecho histórico y una atrocidad nacional.

Conclusiones y reevaluaciones

Después de leer “Nunca más” y ver la película Las madres, se puede ver la importancia del testimonio individual como parte integral del asunto general de los desaparecidos.  Sí, todavía el testimonio tiene la potencia de ilustrar la complejidad de la población argentina, pero también tiene que ver con la solidaridad de un grupo de gente y la necesidad del apoyo para reconfortar el dolor individual.  Sin el apoyo de la CONADEP, las Madres de la Plaza de Mayo, y los documentales señalados como Las madres, los individuos que sufren los efectos de la Guerra Sucia hasta hoy en día no tuvieran una salida nacional o internacional para canalizar sus sentimientos.  Estos informes y fuentes públicos permiten que un individuo afectado pueda identificarse con alguien que sufrió condiciones semejantes.


[1] Nunca Más.  Informe de la Comisión nacional sobre la desaparición de personas.  Editorial EUDEBA. 1984.

[2] Nunca Más.

[3] Nunca Más.

[4] Nunca Más.

[5] Las madres.  Dir. Susana Muñoz y Lourdes Portillo. Monaco Video, 1985.

(Se puede ver un clip del documental en este sitio de web: http://www.imow.org/wpp/stories/viewStory?storyId=1106)


La inmigración en la identidad argentina

23 noviembre 2009 - Leave a Response

Inmigrantes italianos recién llegados a la Argentina

Como se ve en la película El abrazo partido, el movimiento de un lugar de inseguridad a otro de incertidumbre es frecuente.  Muchas personas en todas las partes del mundo experimentan  situaciones en que tienen que mudarse por alguna razón política, social o económica.  Si es para escapar de una situación de inseguridad o para mejorar la vida, estas personas usualmente llegan al nuevo país y encuentran que tienen que reformar su identidad para integrarse en la nacional y en la local del nuevo lugar.  Aunque estos inmigrantes tienen que transformarse para integrarse, su propia identidad añade y cambia la del país a donde llegan, porque hay hilos de su compleja identidad que no pueden o no quieren dejar.  De esta manera, las identidades de los dos lados se unen o se chocan para formar y reformar la de las dos partes.  Este proceso es constante y es fundamental cuando uno define la esencia de la identidad personal y, por otra parte, la nacional.  Argentina es un país que ha experimentado una gran afluencia de inmigrantes durante los últimos siglos que han llegado al país con nuevas costumbres, valores y creencias resultando en una identidad constantemente cambiante.  Cada inmigrante entra con su propia identidad, deja algunas partes para integrarse, añade algunos elementos a la común y saca nuevos fragmentos para adaptarse a la realidad de la nueva localidad.  La “argentinidad” es un producto del crisol de razas, una mezcla de identidades individuales de todas las partes, que define la esencia de lo que significa ser argentino.

La inmigración de los abuelos en El abrazo partido es buen ejemplo del proceso de identidad.  Tuvieron que escapar de Polonia por condiciones políticas que amenazaban al elemento religioso de su identidad.  Esta amenaza cambió su manera de vivir y limitó la expresión de la misma.  La abuela no podía cantar ni salir porque tenía una identidad inaceptable.  Seguramente no podían ganarse la vida porque había tantas restricciones que no permitía el empleo de judíos y había otras leyes que limitaban la expresión, educación y derechos de este grupo de personas.  La identidad polaca cambiaba de una manera que excluyó a personas que habían vivido en el país durante toda su vida pero que no podían dejar su identidad religiosa.  En muchas circunstancias similares es posible cambiarla para reintegrarse y volver otra vez a la identidad aceptable, pero esta situación no fue posible.  La religión en muchos casos es inalterable, es una identidad fija que muchas veces define los valores, costumbres y creencias de la persona.  Por eso, fue necesario que los abuelos se mudaran para preservar el corazón de su existencia, el fundamento de su ser.  Cuando llegaron a Argentina, dejaron algunas partes de su identidad para integrarse.  En el proceso de estas reformas aprendieron el español, dejaron su lealtad al gobierno polaco y asimilaron la cultura argentina.  Luego adoptaron nuevas costumbres para vivir en el país, conocieron nuevas personas, encontraron nuevas maneras de trabajar e intentaron olvidar la tragedia de los eventos que ocurrieron en Polonia para formar parte del nuevo país y para conformarse a su identidad.  Por último añadieron sus propios elementos a la identidad argentina.  Trajeron sus propios valores, creencias y costumbres de Polonia a Argentina y su identidad judía, como era la de muchos nuevos entrantes al país, estuvo absorta por la nacional como nuevo elemento añadido al crisol.  Desde el primer cambio en Polonia que forzó la transformación de la identidad personal o el exilio, hasta la llegada de una nueva a la mezcla que compone la nacional, el proceso de identificación del individuo y del país, determina la compleja mezcla de identidades que define la “argentinidad”.

Inmigrantes llegados al país a principios del siglo XX

En el siglo XVI, los conquistadores españoles llegaron a Argentina para colonizarla.  Entraron con sus propias costumbres, valores y cultura que tuvieron gran impacto en la cultura nativa.  Aunque los colonizadores tuvieron mucho impacto en la cultura, solo había unos 2.500 europeos al principio de los 1700s y la población apenas creció durante los siguientes años; en 1810 solo había 6.000 europeos sobre un total de 700.000 habitantes en el territorio argentino.[1] A pesar de su pequeña población, desarrollaron las grandes ciudades de Argentina, trajeron nuevas poblaciones al país (africanos y esclavos) y dejaron un legado de jerarquía social, religión, idioma, violencia y despotismo. [2] Sus acciones añadieron nuevos elementos a la identidad argentina y cambiaron la manera de pensar de los nativos.  La jerarquía que crearon fue basada en la idea de raza, la suya era la mejor de todas, y les permitía controlar las acciones y creencias de los demás en el territorio.  Su religión, Catolicismo, se extendió a todas partes y resultó en la mezcla de ideas y la creación de nuevas religiones basadas en las creencias católicas y de religiones nativas.  Desde su entrada al territorio, los españoles influyeron y cambiaron la cultura e identidad argentina mientras que los pueblos originarios mantuvieron partes de su identidad original, mezclando nuevas ideas, creencias y costumbres con las que ya tenían.  De esta manera los conquistadores y los nativos pasaron por el proceso de la identidad, dejando algunas cosas, añadiendo otras y adoptando otras.

Cuando Argentina empezó a tomar su independencia de España, la idea de la identidad nacional otra vez cambió.  Los revolucionarios creyeron que en vez de estar unida por un idioma, una religión y otros elementos étnicos, la nación debe ser una identidad política basada en la igualdad, libertad y soberanía popular.  Su meta fue crear un país compuesto por personas de varias naciones que eligieron dar lealtad a Argentina y sus principios.  En un decreto de 1812, el gobierno ofreció “protección inmediata a individuos…de todas las naciones que [querían] establecer su domicilio en el territorio del Estado, asegurándoles… los derechos civiles del ciudadano en la medida que no [inquietaran] la tranquilidad del publico y que [respetaran] las leyes del país.” [3] En su deseo de deshacerse de las identidades españolas, de colonizar las áreas vacías del país y de crear una republica democrática, Argentina abrió las fronteras a cualquier persona que quisiera entrar en el país.  Estos líderes creyeron que la construcción de la nación argentina no dependía de la fortificación de la cultura, religión, idioma y costumbres sino de una aceptación común de las ideas políticas pero no se puede crear una identidad nacional ignorando las distintas características de cada persona.  De todas maneras, esto fue lo que intentaron hacer y los inmigrantes serían clave en está construcción nacional.  En 1818 Bernardino Rivadavia explicó que “la inmigración es la manera más eficaz para destruir los degradantes hábitos de los españoles [costumbres que los argentinos habían adoptado] y la gradación fatal de castas para crear una población homogénea, trabajadora y moral que es la única base de la igualdad, libertad y como consecuencia de la prosperidad de la nación.”[4] A pesar de este plan de construcción, durante esta época los inmigrantes no tomaron gran parte en la construcción de la nación porque pocos europeos consideraron Argentina como destino atractivo hasta los 1880s.  Luego cuando la mentalidad política se alejó de las ideas democráticas, el estado empezó a poner más importancia en otras metas con más valor que atraer a los inmigrantes.   Los revolucionarios no realizaron su visión de una identidad basada en las ideas políticas y poco después en 1880 el Partido Autonomista Nacional (PAN) llegó al poder, el mismo año que muchos inmigrantes empezaron a llegar al país.

Argentina fue uno de los países del Nuevo Mundo que recibió muchos inmigrantes entre 1880 y 1930 y “tuvo la mayor proporción de extranjeros con relación a su población total” con una tercera parte compuesta por extranjeros.[5] Habían muchas razones para emigrar a Argentina incluso: “el deseo de mejorar las propias experiencias profesionales; la búsqueda de ahorros para impedir la proletarización del grupo familiar en los pueblos de origen; o el malestar por una marginalidad social o política sin perspectiva de adecuadas salidas locales.” [6] Aunque por razones diferentes, el gobierno seguía apoyando la inmigración durante estos años porque ayudaba establecer y mantener la jerarquía social, la base de su poder.  Los inmigrantes que entraron en Argentina tenían un status alto relativo a lo de los nativos y entonces ocupaban una posición más o menos alta en la pirámide social.  Este status les daba mucho peso en la sociedad civil y a pesar del hecho de que no participaban mucho en la política, tenían mucho poder en el país.  Di Tella (1989) indica que “el status social de los extranjeros era tan significativo, que se puede decir que los que tenían problemas de adaptación eran los nativos tanto o más que los extranjeros.”[7] Esta división entre los nativos y los inmigrantes creó un sentimiento en contra de los inmigrantes y un ambiente hostil durante muchos años.  Algunos inmigrantes tenían “una actitud de superioridad respecto al país, de desprecio hacia sus tradiciones, su sistema político, y su antigua composición étnica.”[8] No les importaba nacionalizarse—solamente 2-3% lo hicieron—ni reformarse para incorporarse al país.  Su meta fue “hacer la América” y eso fue precisamente lo que hicieron con mucho éxito.  Por eso, la población nativa temía de que hubiera un trastorno social porque las ideologías de anarquía y socialismo traídas por los inmigrantes no tuvo lugar en Argentina.  También había mucho miedo a una degeneración racial porque muchos creían que los extranjeros eran razas inferiores.  Sobre todo, el temor de que el inmigrante minaba la nacionalidad y entonces la identidad argentina.

El hecho de que hubiera tantos nuevos inmigrantes con varios idiomas, con ropa rara, comiendo comida distinta y con nuevas creencias, permitió que la población argentina viera cara a cara al “otro” que llevaba consigo una identidad extranjera.  Esto resultó en la contemplación de la identidad argentina en la cara de nuevas ideas, costumbres, valores y comportamientos.  Más y más parecía buena idea unir en una comunidad homogénea con énfasis en la historia, los valores y las tradiciones.  En este punto, Argentina empezó a pensar en su identidad y definir lo que significaba ser argentino en términos de la etnicidad y la raza.  Esto causó un problema: ¿El inmigrante podría ser parte de la raza argentina?  Con una visión de la identidad basada en la raza, la marginalización de los inmigrantes sería una respuesta lógica; sin embargo, Argentina utilizó esta nueva visión para integrar a los extranjeros y hacerles parte de la nueva raza.  Juan Mas y Pi explicó que “Argentina ha sido y sigue siendo un país de confusión étnica, una conglomeración enorme de todas las razas y castas…de esta conglomeración confundida una raza increíble emergería.”[9] Esta nueva raza incluiría, en vez de excluir, al inmigrante.

Las calidades de las razas estuvieron en discusión durante los siguientes años y fue difícil que la gente se pusiera de acuerdo con lo que caracterizaba esta identidad.  Herencia, idioma, y religión fueron nombradas como algunas características, pero la cuestión de cómo desarrollar una raza argentina de estas calidades y cómo transmitírselo a los extranjeros fue problemático.  Algunos de los pensadores más conocidos se pusieron de acuerdo con la idea de que la raza argentina fue, en principio, latina. La religión e idioma eran fundamentales a esta latinidad y por eso durante los años de inmigración en masa las personas de Italia y España se integraron mejor que las personas de otros países. Al contrario, otras personas creyeron que la identidad que fue producto de los españoles solamente proveía a un elemento de la raza argentina y que la mezcla de los elementos indígenas y europeos era importante en la nueva identidad argentina.  Para Roja, uno de los principales pensadores, la identidad estaba compuesta de las personalidades distintas de cada territorio y que estas características podrían transformar a los extranjeros para nacionalizarles e integrarles en la nacionalidad argentina.  Aparte de estas características de la población, el idioma también tuvo mucha importancia en los discursos sobre como formar la nacionalidad.  La lengua sirve para identificar y unificar los miembros de la raza y les deja expresarse y recordar la historia de su comunidad.  Esta idea fue polémica porque el español vino de España, no era la lengua propia del territorio. ¿Debían crear su propio idioma para crear su propia identidad?  Algunas personas pensaron que la nueva raza conllevaría la introducción de un nuevo idioma y en algunos lugares se podían ver coloquialismos que algunos veían como el desarrollo de esta nueva lengua.  Sin embargo, otras personas pensaron que el castellano era el idioma de la identidad argentina y que era “una síntesis de la personalidad y raza nacional y que era una parte de la memoria colectiva, de la tradición y cultura.”[10] La inmigración no paró durante estas discusiones de cómo identificarse y construir una nacionalidad argentina y al final, con los nuevos ciudadanos y las viejas razas se formó una base de la identidad argentina.

En realidad, la mezcla de tradiciones que resultó de la inmigración y el proceso de integración añadieron nuevos elementos a la identidad argentina.  “El gaucho judío, el tano, el gallego, los comerciantes ‘turcos’, y su caracterización según las distintas formas de actividades económicas a las que se sumaron los recién llegados” fueron parte de esta nueva mezcla de identidades.[11] Muchos de ellos formaron grupos e instituciones para guardar sus tradiciones, ayudar a otros inmigrantes e integrarse en el país.  En algunos lugares se puede ver la influencia de estos inmigrantes en la arquitectura, la música y el arte que recuerdan a todos el impacto de las nuevas identidades.  “La confluencia de tradiciones se expresa hoy en día en actividades que se convirtieron en experiencias colectivas nacionales como por ejemplo el tango y el fútbol.”[12] En este sentido es evidente que hay un proceso de identidad que ocurre cuando uno inmigra a otro país y cuando el país acepta a esta persona.  Siempre hay elementos de la identidad que el entrante deja a la puerta para poder integrarse pero esta persona usualmente añade nuevos elementos a la identidad común de la nueva localidad y adopta otras que cambia la suya propia.  Como se puede ver el proceso es largo y duro pero es importante en el estudio de la identidad y en la historia de cómo se forma.

Un gaucho judío en su finca


[1] Secretaria de Gabinete y Gestión Pública. Acerca de la Argentina: Población. Argentina.

http://www.argentina.gov.ar/argentina/portal/paginas.dhtml?pagina=182

[2] Delaney, Jeane. National Identity, Nationhood and Immigration in Argentina: 1810-1930. Stanford Electronic

Humanities Review. http://www.stanford.edu/group/SHR/5-2/delaney.html

[3] Delaney

[4] Delaney

[5] La Dirección Nacional de Migraciones. Museo de la Inmigración. Argentina.

http://www.mininterior.gov.ar/migraciones/museo/index.html

[6] La Dirección Nacional de Migraciones.

[7] Di Tella, Torcato. Orígenes históricos del corporativismo argentino: el rol de la inmigración masiva.

Universidad de Buenos Aires: Argentina, 1992.

[8] Di Tella, Torcato., 1992.

[9] Delaney

[10] Delaney,

[11] La Dirección Nacional de Migraciones

[12] La Dirección Nacional de Migraciones

El abrazo partido

23 noviembre 2009 - Leave a Response

La película El abrazo partido, dirigida por Daniel Burman, cuenta una historia de una galería comercial de un barrio de Bueno Aires.  Los comerciantes del barrio forman una familia en la que el protagonista, Ariel, ancla su identidad.  Aunque es una comunidad compuesta de judíos, italianos, coreanos y peruanos, las relaciones entre sus distintas culturas y costumbres no disminuyen sino que aumentan la riqueza de las relaciones entre los miembros de la comunidad.  Entre ellos forman una identidad comunitaria que determina cómo viven y cómo se relacionan con sus vecinos.  Aunque haya muchos misterios entre las identidades individuales de cada persona (no sabemos la relación de los coreanos porque casi no hablan el español, no sabemos porque Elías dejó a la madre, no sabemos si la “novia” de Ariel es hija o mujer del hombre con quien trabaja) la manera en que apoyan a sus vecinos se nos presenta con una identidad familiar que todos queremos experimentar.  De su manera de tomar decisiones a la de compartir la comida, todos tienen su lugar en la familia y hacen su parte en la comunidad.  Sin embargo, todos quieren encontrar su propia identidad fuera de la familia, pero hay muchas dificultades para encontrarla cuando no se sabe de dónde se viene ni a dónde se quiere ir.

En el protagonista, Ariel, vemos esta búsqueda desesperada para encontrar la verdad de su vida.  Ayuda a su madre en una tienda de lencería que lleva el nombre de su padre, Elías.  Cuando desapareció hace más que 10 años, Ariel nunca recibió respuestas a sus preguntas sobre quien era y al no conocer a su padre, sentía un vacío.  No sabía su propia identidad porque no sabía una gran parte de quien era.  Al principio de la película quiere salir para Europa porque se siente atrapado en la galería comercial.  Cree que para seguir adelante y encontrar su identidad, tiene que estar libre y poder andar por Europa le dará esta oportunidad.  Sin embargo, antes de irse tiene que obtener un pasaporte polaco.  Aunque es técnicamente polaco porque sus abuelos vinieron a Argentina durante la segunda guerra mundial, Ariel se queda en la línea entre argentino y polaco.  Esto de no saber de dónde viene y de que país es, confunde más su auto-identificación porque no se siente completamente parte de ninguna de las dos identidades.  Sin embargo, tiene que eligir la polaca porque le dejará ir a buscar su identidad, una búsqueda que llega a ser más urgente y más desesperada cada día.  “Tengo que ser polaco urgentemente” dice Ariel en una escena y podemos ver su desesperación por entender sus raíces.

Desde el principio Ariel se identifica como el hijo de su padre.  Es evidente que necesita conocerle para entender su propia identidad, pero no quiere conocerle porque le dejó hace tantos años y no puede porque no tiene el pasaporte para ir a Israel.  Su búsqueda de la identidad personal para Ariel está basada, en gran parte, en la ausencia de su padre.  Sabe que se fue a Israel para la Guerra y que hace muchos años rompió un tarro de mayonesa en el bar de al lado de la galería, pero no sabe mucho más que esto.  “Mi padre vive en Israel porque a él le gusta vivir allí,” dice al entrevistador del pasaporte. Como espectadores podemos oír la pena de Ariel; le parece que a su padre le gusta más vivir en Israel que conocer a su hijo.  En una escena dice que su padre salió cuando tenía ocho años y que el tiempo con su padre pasó muy rápidamente.  No sabe porqué pero cree que su padre quería dejarle y en unas escenas parece que Ariel asume parte de la responsabilidad de su salida temprana.  Luego le acusa de ser cobarde por no quedarse en Argentina con su familia.  Vemos su preocupación por ser como su padre en diferentes escenas, cuando pregunta a su abuela si es cobarde como él por irse a Europa y cuando dice a su “novia” que le importa mucho el mantenimiento de relaciones fieles.  Sin embargo, vemos como abraza la identidad de su padre cuando imita los costumbres de él, como no comer sándwiches en el bar por lo del evento de la mayonesa.  Al saber quien es su padre, Ariel sabe el tipo de hombre que no quiere ser, pero la poca información que tiene limita la formación completa de su identidad.  Su identidad y la idea de la identidad que no tiene viene directamente de su relación con su padre.

Cuando por fin su padre aparece, en vez de empezar a componer los fragmentos de su identidad, Ariel se da la vuelta y empieza a correr.  No quiere enfrentarse con la realidad porque tiene miedo de la incertidumbre.  Puede ser que su padre saliera por no querer estar con su hijo, o que por alguna razón Elías se marchara por culpa de Ariel o que en realidad los dos sean muy similares, algo que Ariel no quiere.  Todos los fragmentos desconocidos le dan miedo y entonces intenta escapar… de la misma manera que Elías intentó escapar de la incertidumbre de su vida cuando se fue a Israel.  Elías tuvo un hijo con una mujer que le engañó con otro hombre.  Rita pidió el divorcio de Elías, el cual le dio a ella la libertad que quería.  Después, no sabía seguir su vida en Argentina entonces se dio la vuelta para correr en la otra dirección, una dirección familiar que no tenía tanta incertidumbre.  Cuando por fin regresa a Argentina, es porque se ha reconciliado con la idea de que las incertidumbres son necesarias y que va a perder la oportunidad de tener una relación con su hijo si no vuelve.  Para superar el miedo a la incertidumbre, Elías tenía que formarse una nueva identidad aparte de su mujer y en otro lugar.

Muchas personas como Elías buscan la seguridad y forman su identidad en lugares familiares y con personas conocidas.  Pero ¿qué pasa cuando esto no es posible?  ¿Qué pasa cuando la persona no conoce a nadie y tiene que hacerse nuevas relaciones en un lugar nuevo?  Aunque Elías tenía la opción de hacerse otra vida en un lugar seguro, en el país de su religión, muchas personas no tienen esta opción.  En el caso de los abuelos de Ariel, no tenían opción aparte de la incertidumbre.  Vivieron en Polonia durante la Segunda Guerra Mundial y experimentaron mucho antisemitismo por sus compatriotas y gobiernos.  Los dos tuvieron que mudarse a Argentina para escapar de todo y empezar una vida mejor, pero el nuevo país no tenía nada de certeza.  Sí, no tendrían que aguantar el antisemitismo ni enfrentarse a la posibilidad de la tortura o la muerte cada día, pero tendrían que empezar de nuevo, en una tierra nueva y con gente nueva.  Dejaron todo en Polonia para escapar y en algunas escenas comprendemos la realidad de sus experiencias, de no tener otra salida.  En una, la abuela intenta quemar su pasaporte como si quisiera olvidarse del pasado y toda la memoria que viene con ello.  No puede borrar este elemento de su existencia, esta identidad, porque es la base de quien es, pero si las cosas fueran diferentes ella tendría una vida completamente distinta.  Sería cantante, explica la abuela en otra escena, si se quedara en Polonia.  Cantaba en bares antes de la Guerra pero cuando todo cambió, su marido le hizo dejarlo porque tuvo miedo de ser matado por no seguir las creencias del estado.  La identidad de la abuela se transformó cuando la situación política no la dejó las mismas oportunidades y cuando llegó al nuevo país, su identidad seguía transformándose.  En Polonia parece que era feliz, en Argentina siempre está triste.  Allí salía con amigas, en Argentina casi no sale de la casa.  Cambiaron la inseguridad por la incertidumbre y como consecuencia formaron nuevas identidades argentinas para integrarse en el nuevo país, algo imposible de hacer en su país nativo.

La identidad es compleja, compuesta de varios elementos y determinada por las experiencias de cada individuo.  La religión, la nacionalidad, la clase social, el lugar donde se vive y las otras situaciones de la vida se entretejen para formar la identidad, pero cuando uno no entiende o no puede identificar los hilos o cuando uno de éstos cambia, puede ser polémico porque resulta en una incapacidad para entenderse a sí mismo y para identificarse.  Esta búsqueda y recopilación de la identidad es importante porque nos ayuda entender cómo y porqué las personas se relacionan y las razones de sus acciones y decisiones.  Es importante resaltar que a veces algunos de los elementos de la identidad, por ejemplo la religión, son más importantes que otros.  Se ve en muchos casos que personas están dispuestas a sacrificar un elemento por salvar a otro.  En el caso de Ariel, va a sacrificar su identidad argentina para entender la completa, para intentar comprenderla en relación a su padre y para ser libre de explorar otros elementos de su identidad entera.  En el caso de la abuela sacrificó su identidad polaca, la de cantante y la optimista y feliz para preservar la religiosa y su vida.  Esta capacidad de establecer un orden de prioridades en la identidad es importante en el estudio de la misma porque puede revelar las razones para que diferentes personas actúen de diferentes maneras y puede sacar a la luz como estas personas llegan a las decisiones que toman.